Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

sábado, julio 09, 2005

En la luna, lunar.

Verano, vacaciones.
Sin oficina, sin corbata y sin asfalto.
Con playa, bikini y pies de arena.
Otro decorado para continuar haciendo las idioteces habituales.
En lugar de Madrid, en la luna.
Confundir la colonia con el gel y conducir con el vestido lleno de pomporronas que explotan en los semáforos.
Dejar las luces del coche encendidas hasta que la batería desfallece.
Esperar a una grua conducida por un mecánico machote y gordito que encantaría a quién yo me sé, pero que no se deja envolver para regalo.
Tendré que conformarme con una rebonita figura de conchas, de esas que andan en extinción, buscando su lugar en el mundo tras la llegada de los televisores de plasma.
Ele minúscula hace flanes de arena y no quiere salir del agua.
Bajo la luz del mediterráneo.
Y pienso en Sorolla y en películas de super 8.
En después.
En cómo todo es más triste cuando nadie te obliga a dormir la siesta.
Cuando nadie te grita que salgas del agua.
Cuando no hay nadie con quién negociar la hora de volver a casa.
Cuando la vida cae en tus manos y no sabes que demonios hacer con ella.
Y pienso en volver a casa.
De la luna de las vacaciones a andar con lunares.
Dónde me espera uno de esos con bata blanca que estudiaron hasta el final.
Que me cortará un pedacito para analizarlo y ver que és.
Es raro este puntito del cuerpo que no para de crecer. Dice.
Y yo le dejo que amortice su etapa universitaria sin desvelarle lo que es.
Pero no hay duda que se trata de tristeza. Que va a ser!
Y es que hay veces que los estudios no valen para nada.
Como trabajar en publicidad, el odio, los celos, los pelos en las piernas o las yogurteras.
Si insite en analizar, que analice.
Volver a casa.
A consolar a mi Madrid que le han dicho NO.
Que no va a ser suyo el 2012.
A decirle que ellos se lo pierden.
Aunque no sé muy bien quienes son ellos ni que es exactamente lo que se pierden.
Palabras sinsentido que se te quedan dentro al crecer y que en algún momento tienes que sacar a pasear, como el padrenuestro.
Que los juegos son para Londres.
Y unos rabiosos van y matan.
Así el lunar de la tristeza no va a parar de crecer nunca.
Desde ya se lo digo al de la bata.