De nosequés, nosequienes y viceversas.
El director general de nosequé, quiere que vayan a presentarle nosequé, nosecuando.
Ves tú.
Yo?
Presentar, odio presentar, no se presentar, me aterra presentar, me atrofia presentar, tiemblo al presentar, enfermo al presentar.
A mi me sale bien escribir palabras inquietantes, como la sangrienta borbotones o la enredosa viceversa, las ensaladas de brie y pasas, leer el dominical en la cama, imitar a Gene Kelly, perder el tiempo, imaginar cosas imposibles, hacer porra en los Premios Goya y sentirme ridícula.
Presentar no.
Llegar con portátil y tarjeta fingiendo que soy jefa de nosequé.
Como llegar con placa de policía, estrella de sherif, mascarilla y bata de cirujano, neopreno y bombonas de oxígeno, traje de luces y capote.
Y las cuencas de mis ojos tienen revés porque duelen.
El director general de nosequé, quiere que vayan a presentarle nosequé, nosecuando.
Ves tú.
Yo?
Presentar, odio presentar, no se presentar, me aterra presentar, me atrofia presentar, tiemblo al presentar, enfermo al presentar.
A mi me sale bien escribir palabras inquietantes, como la sangrienta borbotones o la enredosa viceversa, las ensaladas de brie y pasas, leer el dominical en la cama, imitar a Gene Kelly, perder el tiempo, imaginar cosas imposibles, hacer porra en los Premios Goya y sentirme ridícula.
Presentar no.
Llegar con portátil y tarjeta fingiendo que soy jefa de nosequé.
Como llegar con placa de policía, estrella de sherif, mascarilla y bata de cirujano, neopreno y bombonas de oxígeno, traje de luces y capote.
Y las cuencas de mis ojos tienen revés porque duelen.
Revés o viceversa.
Caigo enferma.
Me tomo un trifásico, invento de Pedernal, consistente en un cóctel explosivo de tres medicamentos que no desvelo por si hay menores leyendo este texto.
La Espana negra, que deja unas manchas que no le acaban de salir a uno del cuerpo.
Una que anda respondiendo un mail internacional pregunta como se dice sala de reuniones en inglés.
Braveheart, dice Pedernal.
Y será por el trifásico, por la fiebre o la desesperación de la jaula, pero me parece una respuesta fantástica.
Y me río demasiado alto, demasiado rato, o no, con lo que el reverso de mis cuencas oculares vuelven a doler viceversicamente.
Viajo a Berlín y no quiero que duela, quiero un Berlín con el frío justo que me permita trotar por las calles como si tuvese la edad de Ele minúscula, sin la luz triste londinense, con rostros lleno de esa prisa cotidiana que esta vez a mi me queda tan lejos. Sin tengoque ni quenosemeolvide. Con alfombra roja y estrellas de Berlinale.
En Madrid escribo sobre Berlín.
A Berlín a escribir sobre Madrid.
Esto si que es una viceversa estupenda.
Berlín con Ol, escribiendo durante sus siestas de oso, para que se repita la suerte de aquel viaje al mar un final de verano de hace tantísimo.
Ganar más concursos, más premios que me permitan escribir. Sobre lo que sea. Sobre Madrid, el ADN, el kukux clan, los agujeros negros, el lince ibérico, la alcachofa, el almirez, las palanganas, los lunes, las axilas, los asilos, el cocherito leré, la constitución europea, el amor, el sexo, la pera, el deseo, el Bayern de Munich, la depresión del Ebro, la fiebre. Es igual.
Dejar al fin de fingir que soy jefe de nosequé ante nosequién.
Y que se vaya la fiebre.
Aquí sala de reuniones en inglés,
Caigo enferma.
Me tomo un trifásico, invento de Pedernal, consistente en un cóctel explosivo de tres medicamentos que no desvelo por si hay menores leyendo este texto.
La Espana negra, que deja unas manchas que no le acaban de salir a uno del cuerpo.
Una que anda respondiendo un mail internacional pregunta como se dice sala de reuniones en inglés.
Braveheart, dice Pedernal.
Y será por el trifásico, por la fiebre o la desesperación de la jaula, pero me parece una respuesta fantástica.
Y me río demasiado alto, demasiado rato, o no, con lo que el reverso de mis cuencas oculares vuelven a doler viceversicamente.
Viajo a Berlín y no quiero que duela, quiero un Berlín con el frío justo que me permita trotar por las calles como si tuvese la edad de Ele minúscula, sin la luz triste londinense, con rostros lleno de esa prisa cotidiana que esta vez a mi me queda tan lejos. Sin tengoque ni quenosemeolvide. Con alfombra roja y estrellas de Berlinale.
En Madrid escribo sobre Berlín.
A Berlín a escribir sobre Madrid.
Esto si que es una viceversa estupenda.
Berlín con Ol, escribiendo durante sus siestas de oso, para que se repita la suerte de aquel viaje al mar un final de verano de hace tantísimo.
Ganar más concursos, más premios que me permitan escribir. Sobre lo que sea. Sobre Madrid, el ADN, el kukux clan, los agujeros negros, el lince ibérico, la alcachofa, el almirez, las palanganas, los lunes, las axilas, los asilos, el cocherito leré, la constitución europea, el amor, el sexo, la pera, el deseo, el Bayern de Munich, la depresión del Ebro, la fiebre. Es igual.
Dejar al fin de fingir que soy jefe de nosequé ante nosequién.
Y que se vaya la fiebre.
Aquí sala de reuniones en inglés,
según Pedernal.



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