El bricolaje y las palabras.
Escribo por orden de Hada Buena.
A un hada es difícil decirle NO.
Lo difícil en la vida es decir SÍ.
Cuando no está Ele me cuesta quitarme el pijama,
cuando está Ele me obliga a quitármelo.
A veces se me va la cabeza a otra parte y cuando vuelvo estamos frente a la tele viendo Bricomanía, Ele minúscula con mucho interés.
Cuestión de andar sin prejuicios, cuestión de amor al bricolaje.
Están instalando una ducha, con sus latiguillos de agua fría, azul, y caliente, roja, y sus tacos del ocho, y sus brocas adecuadas, y la silicona, y cuando termina el presentador se pone un albornoz naranja y hace que se mete a la ducha.
Me hace pensar en cine porno.
Fascinante.
El mando de la tele funciona el 0,03% de las ocasiones.
Un mando de la tele insumiso.
Es mi forma de manifestarme contra la televisión.
Es mi cobarde rebeldía contra la mano que me da de comer.
Es uno de los porques Ele y yo vemos Bricomanía.
No escribo porque Lola, la que fue chica Almodóvar en su vida anterior al adosado, me presta libros y caigo en el mundo de la adicción.
Leo del tirón porque me cuentan que el tiempo transcurre lento como una babosa herida que se arrastra agonizante por una pista de aterrizaje. Porque dicen que cuando sue?o con tenerte te tengo. Porque me gusta leer y leer y leer hasta caer dormida y seguir leyendo cuando despierto.
No escribo porque Ele cumple a?os.
Felicidades. Un día. Felicidades. Otro día. Felicidades. Y otro día. Felicidades. Y no se vayan todavía porque aún hay más.
No me explico como subo al autobús sin cantarle el happy birthday al sr conductor.
Cumplea?os, navidades, Reyes, fiestas.
Compro, compro, compro.
Bicicletas, patines, pizarras.
Vecino gay sube, baja, entra y sale como un superhéroe.
Se desliza sin peso y con prisa.
Así nunca podremos ser como Will & Grace.
Oigo como le cantan el Cumplea?os feliz.
Hipocondria. Envejecer. Pensamientos de vigilia..
Me mareo en el ascensor de la oficina al bajar de la décima a la quinta planta.
Me asusta introducir un pie entre el vagón de metro y el andén.
Me resulta insoportable pasearme con la guerra en las pupilas tras el telediario matinal.
No escribo.
Y Hada buena, Tormenta y Evita Dinamita me preguntan que por qué, por qué, por qué.
Y como a las tres las acompa?a la fuerza, y a alguna de ellas incluso un caballero Jedi, pues acabo escribiendo.
Si la próxima vez tardo en hacerlo, tal vez me haya quedado dormida en un banco del paseo de Recoletos bajo las luces de decoración navide?a. Entre palabras?
De izqda a dcha: Hada buena, Tormenta y Evita dinamita, presionándome para que escriba.

Escribo por orden de Hada Buena.
A un hada es difícil decirle NO.
Lo difícil en la vida es decir SÍ.
Cuando no está Ele me cuesta quitarme el pijama,
cuando está Ele me obliga a quitármelo.
A veces se me va la cabeza a otra parte y cuando vuelvo estamos frente a la tele viendo Bricomanía, Ele minúscula con mucho interés.
Cuestión de andar sin prejuicios, cuestión de amor al bricolaje.
Están instalando una ducha, con sus latiguillos de agua fría, azul, y caliente, roja, y sus tacos del ocho, y sus brocas adecuadas, y la silicona, y cuando termina el presentador se pone un albornoz naranja y hace que se mete a la ducha.
Me hace pensar en cine porno.
Fascinante.
El mando de la tele funciona el 0,03% de las ocasiones.
Un mando de la tele insumiso.
Es mi forma de manifestarme contra la televisión.
Es mi cobarde rebeldía contra la mano que me da de comer.
Es uno de los porques Ele y yo vemos Bricomanía.
No escribo porque Lola, la que fue chica Almodóvar en su vida anterior al adosado, me presta libros y caigo en el mundo de la adicción.
Leo del tirón porque me cuentan que el tiempo transcurre lento como una babosa herida que se arrastra agonizante por una pista de aterrizaje. Porque dicen que cuando sue?o con tenerte te tengo. Porque me gusta leer y leer y leer hasta caer dormida y seguir leyendo cuando despierto.
No escribo porque Ele cumple a?os.
Felicidades. Un día. Felicidades. Otro día. Felicidades. Y otro día. Felicidades. Y no se vayan todavía porque aún hay más.
No me explico como subo al autobús sin cantarle el happy birthday al sr conductor.
Cumplea?os, navidades, Reyes, fiestas.
Compro, compro, compro.
Bicicletas, patines, pizarras.
Vecino gay sube, baja, entra y sale como un superhéroe.
Se desliza sin peso y con prisa.
Así nunca podremos ser como Will & Grace.
Oigo como le cantan el Cumplea?os feliz.
Hipocondria. Envejecer. Pensamientos de vigilia..
Me mareo en el ascensor de la oficina al bajar de la décima a la quinta planta.
Me asusta introducir un pie entre el vagón de metro y el andén.
Me resulta insoportable pasearme con la guerra en las pupilas tras el telediario matinal.
No escribo.
Y Hada buena, Tormenta y Evita Dinamita me preguntan que por qué, por qué, por qué.
Y como a las tres las acompa?a la fuerza, y a alguna de ellas incluso un caballero Jedi, pues acabo escribiendo.
Si la próxima vez tardo en hacerlo, tal vez me haya quedado dormida en un banco del paseo de Recoletos bajo las luces de decoración navide?a. Entre palabras?
De izqda a dcha: Hada buena, Tormenta y Evita dinamita, presionándome para que escriba.


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