Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

viernes, julio 16, 2004

Misántropa de Capirote.

La vida no se conforma con pasar, le gusta sorprender, y a estas alturas me suelta que soy una misántropa.
Primero me río por lo disparatado. Como si me hubiera dicho que mis padres son dos isótopos radioactivos, que estoy circuncidada, o que soy un montacargas.
Absurdo.
...
Absurdo?, pienso un viernes por la noche mientras escribo.
Sola. Con el sue?o de Ele minúscula, con la lluvia de una tormenta de verano, con Toni Soprano, con los violines y el violonchelo de La buena vida que siempre quise tocar, con tantas palabras por leer, con el pijama, la yuca y la espumadera. Sola.
Feliz cuando nadie me ve. Feliz porque nadie me ve.
A veces salgo y también soy feliz. Porque son personajes en technicolor y porque así creo arrancarme la etiqueta de misantropía y despistar al mundo.
Ja! Rie el mundo al que le importa un pepino que yo sea una misántropa o que practique la zoofilia, porque bastante tiene con lo que tiene.
Bastante tengo con lo que tengo. Dice.
Salgo con Artista y Tormenta un asfixiante mediodía de verano.
Ir con Tormenta por Chueca es como pasear por Nunca jamás con Peter Pan.
Descubro el paraíso tras la puerta giratoria de Chicote. Un local desierto vestido con asientos de escay verde y lámparas de globo como lunas, que desafían a un tiempo detenido en los rostros de sus paredes. Mojitos, zumo de limón natural en la ginebra, copas de formas imposibles y reír hasta que duelen las meninges.
Salgo con el Innombrable que me lleva a un concierto de La buena vida.
Me encuentro con hada buena, lógico, porque es música de hadas.
Innombrable envidia mi entusiasmo al descubrir a La buena vida. La incultura musical tiene sus ventajas.
A cambio, escuchar a Nacho Vegas es pensar diosmioquesesto y en la palabra ESPANTOSO con mayúsculas.
Me dicen que se le considera un genio. Me sorprende tanto como que Ana García Obregón sea líder de audiencia.
Prefiero escuchar la música de los coches de choque de las fiestas de los pueblos. Al menos me recuerda a adolescentes y amores platónicos vividos con intensidad de tango.
Acepto la invitación de hada mala a visitar el mar del norte, porque aunque a veces me asusta tiene muchos colores y además puntúa triple contra la misantropía.
Un grillo lleva horas cantando en mi tendedero. Puntuará?
Y los hombres de la obra de mi casa siempre están conmigo.
Hablaría de ellos. Pero sé que es posible que Hombre Eléctrico me lea.
Y no estoy loca.
Jamás hables del padrino sino quieres despertar con la cabeza de un caballo en tu almohada.
Al menos hasta que no hayan terminado, cosa que hoy por hoy me parece ciencia ficción.
El caso es que hablo con ellos. Puntuará o si les pago no cuenta?

Hada mala en bikini la última vez que me llevó al Mar del Sur