Hay mujeres...
Hay mujeres que no sue?an ser princesas que hoy bailan en brazos de un príncipe en palacio.
Hay mujeres que no sue?an ser princesas que miran perplejas, mientras la que tampoco so?ó serlo las saluda con la manita más perpleja aún.
Hay mujeres que si so?aron ser princesas, que lloraron con Sissi emperatriz y que se emocionan hoy, preguntándose porque a ellas en lugar de príncipe les tocó cerdo.
Hay mujeres que tuvieron un príncipe y lo perdieron.
Algunas tuvieron suerte y se marchó lejos.
Otras desgracia y andan soportando al monstruo que quedó en su lugar.
Porque los cuentos son cuentos y los príncipes no se transforman en rana sino en monstruos.
Hay mujeres que tras ver a veces al príncipe y a veces al monstruo, eligen andar solas.
Pueden ser mujeres con suerte y contar con letras minúsculas que las besan y dinero para gastarse en la FNAC.
Hay mujeres que se lamentan porque ellas y sus amigos andan corriendo de acá para allá como conejos de Alicia en el país de las maravillas. Llego tarde, no tengo tiempo, llego tarde, no tengo tiempo.
Hay mujeres tan cansadas que el cuerpo les hace ?Crac!
Y el Médico las tumba, y la camiseta por debajo del pecho, y los pantalones a mitad de la cadera, y las toca, y las pincha, y les da un sobao pasiego, y medio litro de agua con azúcar que está asquerosa, y si no vuelves habrá que llamar una ambulancia, y seguro que no quieres un masaje con alcohol, déjame que te dé un masaje, no llores mujer...
Y piden ayuda.
Y el que fue príncipe intenta volver a serlo, pero sin querer le sale monstruo.
Pero no importa porque siempre está mamá.
La mamá que cuida, que mima, que ama.
Que so?ó ser princesa.
Que lloró con Sissi.
Que se le transformó el príncipe en monstruo.
Yo no quiero príncipes que sue?en con tetas de las novias de sus amigos.
Yo sólo quiero que Mamá sea inmortal y que Ele minúscula no sue?e con príncipes.
Puede que las amazonas supiesen lo que se hacían.
Lo de las mantis religiosas quizás sea un pelín drástico.
Hay mujeres...

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