Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

lunes, mayo 10, 2004

Un guante de boxeo

Como un guante de boxeo tras el combate.
Los G8 me salen 5.
Los 7 pecados capitales 4, y contando la ictericia.
No soy capaz de ubicar Eslovenia, Eslovaquia, Estonia, Lituania ni Letonia.
No se si Mastrich tiene playa.
Una ni?a dibuja una luna estrecha como una serpiente.
Viajo en el metro acompa?ada de un hermafrodita, Cal Stephanides, que me cuenta su vida desde mucho antes de ser. Lo cuenta bonito. Con magia. Y me sigue contando en la cama hasta que caigo dormida.
Artista y Tormenta aparecen y comemos en Chueca.
Es un día triste.
El planeta parece a punto de sacudirse para quitarse a todos los humanos de encima.
Me preocupa que llueva porque Tormenta y Artista son dos dibujos y puede que se deshagan.
Les recomendaría que se plastificaran, pero no se como se lo tomarían.
No saben que son dos dibujos. Uno mismo siempre es el último en enterarse.
Alrededor hay modernos que parecen de cartón piedra.
Juanma Bajo Ulloa a punto de gritar insumisión come en la mesa de al lado. Con una guapa mulata con tacones. Incómoda. Lo dice el cruce imposible de sus piernas.
Artista abre su libro de dibujos y la Tierra decide no sacudirse por esta vez.
Sus Soprano son magníficos.
Regreso al exterior.
Una pareja de enamorados han encontrado su lugar en el mundo abrazados en un sofá del Stars.
Piensan en lo bien que les va el nombre del local porque se sienten en las estrellas como dos estrellas.
Pensamiento totalmente estúpido.
Quien se enamora no lo nota pero se vuelve idiota.
Un gallego jovencísimo anda nervioso porque está lejos de casa y Madrid se le hace grande.
- Sólo llevo dos semanas aquí, nos cuenta deslabazado.
Y deseas que sea feliz.
El domingo el Innombrable (tampoco le gustó Mr Pink) y la hermana que pude ser yo miden mi vieja casa nueva con la familia japonesa dentro.
Como siempre están ahí a veces pienso que van incluidos en el precio. Que son míos.
Como Nicole Kidman y sus ni?os en la casa de "Los otros".
Al saludar beso a Kazúo, el hombre japonés, porque me hago un burru?o y no sé si darle la mano, bailar una jota aragonesa o hacerme el Ikebana.
Mientras miden hablo de más. Más alto. Y con reverencias.
Le regalan a Ele minúscula unos cuentos en una bolsa de Disney Tokio.
De Tokio.
Guau.
Yuki, la ni?a japonesa me dice, te has te?ido el pelo, y me ense?a sus Bratz.
Ele minúscula persigue a Pipo, el perro, con intenciones nada claras.
Yumiko, la mujer japonesa, me cuenta dónde se esconde el contador del gas como quién descubre el tesoro de Tutankamon.
- Aha, digo.
Después me descubre el contador del agua.
- Vaya, exclamo.
Cuando le toca el turno al cuadro de la electricidad ya no se que decirla.
De pronto pienso que mis japoneses se irán, que Ele minúscula a veces no estará.
Y veo la tristeza de un solo guante de boxeo tras el combate en el suelo del salón.