Perdida girando sobre mi misma.
Un pasajero de metro lee Rinconete y Cortadillo de Miguel de Cervantes.
Me gustaría leer más literatura clásica. Leo muy poca.Creo que esta me la he leído, pero si pienso en su contenido solo se me ocurre:
¿Qué hay Rinconete?, ¿y tú que tal Cortadillo?
Hasta el chucuchucuchucu del metro tiene más interés.
Intento imaginar algo más.
¡Corre, corre, que te pillan, Cortadillo!
Esta imaginación tan limitada tal vez sea culpa de la basura de Gran Hermano Vip que vi anoche en la tele.
No lo pude evitar.
Me hipnotizó el batín años setenta que llevaba Fabio Testi.
Intente quitarlo, pero entonces se puso encima un plumífero blanco, sin mangas.
No lo conseguí.
Sigo sepultada por la ansiedad.
Obsesionada con mi ombligo.
Doy vueltas sobre mi misma como una peonza hasta que me caigo. El miércoles. ¿O fué el jueves? No lo sé. Cuando vives girando sobre ti mismo cuesta saber en que dia vives. Cuesta vivir.
Hablo con Saravan una hora cada noche.
Mejor que el Lexatín.
Es muy pacífico y muy zen, pero afirma que le gustaría empujar a Terelu.
Yo, obsesionada por mis asuntos, no me explico como alguien puede desear empujar Terelus, cuando podría soñar con arrear bolsazos en la cara a notarios y abogados.
Alguien recuerda sus cuatro años. Que aún no sabía escribir la u. Corrían tiempos de Peret. Su Pa le cantó “Borriquito como tú, que no sabes ni la u”. Y le hizo daño.
Aún lo recuerda.
En Sierra Leona niños han visto morir asesinados a sus padres, han vivido la amputación salvaje de parte de su cuerpo.
No lo recuerdan.
La memoria y el dolor sonasídeyoqueséporqué.
Este fin de semana no tengo ele minúscula para perderme en su nave, de modo que me pierdo con Bill Murray en Lost in translation.
Tiene algo de cuadro de Hooper pero sin la desesperación.
Los protagonistas están doblemente perdidos.
Perdidos en un Tokio tan lejano, tan CIUDAD CON MAYÚSCULAS.
Perdidos por dentro.
Es tan bonito ver esa soledad desde lo alto de la ciudad. Esa soledad entre tantísima gente tan diferente, no sólo porque estén en Tokio...
Y lo más bello.
Todo lo que no se dice.
Esa despedida que tan sólo ella escucha.
Esa despedida que es la mejor historia de amor de todos los tiempos.
Un amor que no ha llegado a aterrizar, que no es real, como Matilde Interestelar, la nave de ele minúscula.

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