Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

sábado, diciembre 20, 2003

Mundo Bionicle. Como la vida misma.

En la isla de Mata Nui todo era un mágico mundo de colores, de colores, de colores. Donde la vida era una tómbola, tom tom tómbola, de luz y de color, de luz y de color... Pero llego Makuta, el Amo de la sombra, más malo que mil demonios, y sumió la isla en la más profunda oscuridad, asco, desesperación. Estado similar a trabajar de jefe de investigación en Universal McCann.
Menos mal que aparecen los seis guerreros Toa para luchar contra el mal. Con el poder de los elementos: fuego, aire, tierra, roca, hielo, y agua. El toa de agua se llama Gali, y es la única “chica” entre los Toa. Entre los poderosos, la única. Como la vida misma.
Makuta cuenta con seis malvados secuaces, los Rahkshi, para luchar contra los Toa. Malos, malotes. Con diferentes poderes. Y los de más éxito entre los niños. Los malos. Los preferidos.Como la vida misma.
Pero las estrategias de marketing no tienen fin, y el número siete siempre ha tenido mucho tirón: los siete jinetes del Apocalipsis, Blancanieves y los sietes enanitos, los siete pecados capitales, el séptimo de caballería, el seven up, las siete plagas de Egipto, las siete novias para los siete hermanos,... De modo que aparece el séptimo guerrero toa, Takanuva y su máscara de la luz. ¿Por qué lo de la máscara? Él sabrá.
Y También están los Borogh, unos seres destructores, dominados por las hermana Baragh, que habitan en el subsuelo y tienen grandes poderes telepáticos. El Sr. Lego, dice que son hermanas, pero más que parecerse a Pili y Mili, se dan un aire a una viela de automóvil, aunque yo jamás he visto una. ¿Quién puede vencerlas? Exo Toa, al arma más poderosa de los Toa, una armadura escondida en las profundidades de la tierra al servicio del bien, que puede luchar incluso sin ser dirigida por un toa. Poderosa, poderosa. Como Telefónica. Como la vida misma.
Lo dicho: aquí, pensando en los regalos de los Reyes Magos.
Aquí. Hablando con Ra pequeño, que cumple nueve años.
Aquí. Preguntándome porque es tan divertido hablar con él y tan aburrido con los adultos.

Ayer fui a la fiesta de Navidad de la empresa. Era temática años 50. Con actuaciones, playbacks, disfraces, concurso de rock... Pese al despliegue, nadie parecía acordarse de sus nueve años. La quinta vez que escuché el ramalamadingdong quería encerrarme en el servicio a jugar con Turak, un bionicle de los malos. Pero olvidé meterle en el bolso, de modo que volví a casa, miré a Ele minúscula dormida en su cuna, olvidé que pertenezco al estúpido mundo de los adultos, y dormí feliz.