Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

domingo, diciembre 07, 2003

Angustia. Deserción. Y de Safari.

Angustia.
Me hago un regalo. Una edición especial del dvd Cielo sobre Berlín, dentro de una caja de latón, con un reloj, y una camiseta.
Cuando Ele minúscula duerme, abro la caja con ilusión. No me sorprendo. Es lo que tiene hacerse regalos uno mismo.
Dieciseis años después vuelvo a ver la película.
Entonces me gustó.
Hoy se me hace un nudo en el estómago por esa realidad tan irreal en la que se mueven sus personajes, y en la que descubro que yo también me muevo.
Porque llueve a cántaros, sino podríais verme en la cornisa de la planta 32 de la Torre de Madrid mirando la vida pasar. Con Saravan al fondo. Como siempre.
Deserción.
Carmencarmen, que anda sobrada de fiestas modernas, me invita a otra.
Esta vez no voy. Demasiado difícil. Demasiado cobarde. Me quedo en casa con ángeles, Berlín, y palomitas.
Y de Safari.
Ele minúscula está enferma. No salimos de casa.
Instalo de nuevo la tienda de campaña en el salón, y nos vamos de Safari.
Anochece en Kenia. Desde dentro de la tienda escuchamos los gritos de los monos. Que por cierto, me salen fenomenal.
Ele se pone tensa. Lejos del desánimo sigo.
- Menos mal que hemos dejado la hoguera encendida fuera para espantar los leones. ¿Los oyes?
¡Gruuuuuuaaaugggghhhh!Imito al león.
Ele se pone más tensa.
¡Oh, no! ¡El fuego se está apagando!
Ele se pone a llorar desesperadamente. El Safari se suspende.
Mi Ma me dice que estoy idiota, y que le voy a crear un trauma a Ele con tanta historia.
A mí me sigue pareciendo más traumática la realidad.