Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

sábado, noviembre 22, 2003

En metro por las nubes

El vagón va lleno de gente en otra parte.
Un inmigrante escucha música árabe desde sus cascos con los ojos cerrados.
Un chico joven lee a Oscar Wilde.
Una mujer mira hipnotizada una guía de Turquía. Pergamo. Valle de Ronderes. Camellos con fardos de colores y cielo muy azul. Un puerto con barcos que te llevan lejos. Muy lejos.
Una quinceañera babea con la mirada perdida en su carpeta forrada con fotos de Bisbal.
Y yo de puro cotilla, con el retrato de Dorian Gray en la maleta, viajo de Marruecos a Turquía con Bisbal. Como este chico me pone de los nervios con tanto salto, me pongo a pensar en otra cosa. Recuerdo un testimonio de un oyente, que ha llamado esta mañana a la radio para informar a España que su madre se tiñe con una camiseta suya de Marilyn Manson. Estoy en un cuarto de baño pequeño. Alicatado hasta el techo. De azulejos rosas con cenefas pasadas de moda, y sanitarios color café con leche. Una mujer mayor, cansada, y con camiseta de Marilyn Manson, se tiñe. La ayudo a darse el tinte por detrás, por donde no se ve. Hablamos sobre lo fea que le parece la camiseta, que se la pone por aprovechar las cosas, y para que no se la ponga su hijo, que luego va hecho un entusiasmo. Y que ójala no se acabe el butano mientras se esté duchando. La digo que no se preocupe, que yo le cambio la bombona. Es entrañable.
Así están las cosas en el vagón cuando entran dos viajeros que pretenden leer El País.
Se sienten extraños, como si se hubieran confundido de lugar.
Uno de ellos se adapta. Ha metido la cabeza en la guía de Turquía. Se asoma al templo de Apolo en Didima.
El otro intenta seguir en la tierra y leer El País. No lo logra, y escapa a otro vagón en la siguiente parada. Así es la vida, te adaptas o te vas.
Porque hoy este vagón anda en las nubes.