PIS DE DISEÑO.
En la piscina de Amaya Arzuaga...
Me lo temía. En estas vacaciones se me han colado todos los fantasmas de los veranos pasados en el maletero del coche, y se presentan a la menor ocasión.
Ele minúscula duerme la siesta. Yo me tumbo bajo una palmera a leer revistas. Tropiezo con un reportaje de Amaya Arzuaga. Cuenta que creció en una casa de campo en Lerma, cerca de la fábrica de punto de su familia. Y aquí atacan mis fantasmas.
Mi abuela era de Lerma. Yo pasé todas las vacaciones de mi infancia - adolescencia en Lerma.
Un pueblo perfecto para ser pequeña, con un millon de lugares especiales dónde ir perdiendo la infancia:
Los arcos, la presa, el palacio del Duque de Lerma, la iglesia de San Pedro, el molino, los conventos de clausura, el bodegón, el cementerio, el soto, la estación, la tumba del cura Merino...
Lugares que primero sabían a rescate, policias y ladrones, bote-bote, balón prisionero, bicicleta, pescar cangrejos, coger moras, y cazar lagartijas.
Y después supieron a primeros cigarros, amores platónicos, deseos insatisfechos, a cubata, besos a escondidas, y secretos.
Al tedio de los tiempos muertos de veranos kiloméeeeetricos, en los que sentías que no pasaba nada, y pasaba todo. Crecer. Pasar de no entender nada a hacer como que entiendes. Comprender que no existe el para siempre.
Fiestas del pueblo. En la plaza del mercado viejo suenan las lentas. "No se que de luna" de Santana. El corazón a mil. Él me pide bailar. Yo bailo sin abrir la boca. ¿Para qué? El mundo no puede ser más perfecto, y la vergüenza no me permite ir más allá del monosílabo...
Cada temporada un Él distinto. Siempre perfecto por lo platónico.
Crecí. Muy morena, siempre de negro, y algo rara.
Yo por timidez y complejos; ella, tal vez, por el cosmopolitismo que da el dinero.
Nos confundían.
- ¿Con qué Amaya? Preguntaba.
- La de los Navarros. Respondían.
Mi abuela contaba que eramos familia lejana. No se muy bien la relación. La escuchaba con poca atención, creyendo que iba a estar ahí siempre. Ahora es demasiado tarde.
Recuerdo que una vez fuí a bañarme a su casa. Una vecina me llevó.
- ¿Qué si dejan que me lleve a la niña con Lolines a bañarse en la piscina de "los Navarros"?
Me dejaron.
Lolines no me hablaba porque yo era más pequeña y estúpida, y su madre la obligaba a ser mi amiga.
La casa de "los Navarros" me pareció muy grande. Muy diferente a las casas de mi mundo.
No había ninguna otra niña.
La piscina tenía unas escaleras de obra para irte metiendo poco a poco.
Me quede sentada en las escaleras. Sintiéndome muy sola. Muy pequeñita. Muy quieta. Intentando volverme invisible.
Aunque de alguna forma lo era, como lo son todos los niños tímidos a los ¿6 años?, ¿7 años? Demasiado mayor para el Aymiraquerica. Demasiado pequeños para decir nada interesante.
Puede que me hiciera pis en su piscina.
No lo recuerdo, pero a esa edad y en la España de los años 70, no me parece disparatado que lo hiciera.
Así, cada vez que sale a relucir Amaya Arzuaga (cosa muy frecuente debido a su carácter de famosa diseñadora), yo pienso en mi culo en las escaleras de su piscina. En que tal vez me hice pis. En que en la adolescencia me confundían con ella.
Hoy día, en que la fama es un valor tan importante. En que están tan de moda los personajes con alguna relación absurda con algún famoso:
"La vecina de la cuñada del hermano de la madre de Jesulín".
"El peluquero del perro que tenía Ferrán Adriá cuando era niño".
"El del kiosco en dónde el que dice que fué novio de Boris Izaguirre compra el períodico"...
Pienso que esta relación absurda que me une a Amaya Arzuaga tal vez es uno de los aspectos más importantes de mi vida. Y estúpida de mí, no le he prestado la suficiente atención.
34 años. Madre de Ele. Separada. Jefe de Investigación. Escritora, con un par de premios literarios y un libro publicado. Y lo más importante: ¡En mi adolescencia me confundían con Amaya Arzuaga, y hasta puede que me hiciera pis en su piscina!
Cada vez lo veo más claro.
Ahora se cual debía haber sido mi respuesta, a aquella pregunta de la directora de esa importante revista de moda, cuando quedé finalista de aquel premio literario.
- Pero vamos a ver, ¿tú conoces a alguien?
Yo pensé en mi madre, en Él, en Siempre eSe, en princesa, en Ol,... Conocía a mucha gente, pero algo me decía que esa no era la respuesta correcta.
- ¿Alguien de qué? Pregunté por ganar tiempo.
- Alguien de este mundo. Del mundo cultural, literario, artístico...
Y pensé: A mí me gusta mucho leer, y el cine. Uy, el cine... El cine me entusiasma. El mismo algo de antes me informó que tampoco era esta la respuesta correcta.
- No a nadie. Respondí.
Aquí acabo la conversación. Adiós al mundo cultural, literario, artístico,...
Hoy lo veo claro. La respuesta correcta estaba al alcance de mi mano:
- ¿A alguien? ¿Sabe con quién está usted hablando, Sra. directora? ¡Hablas con alguien que tal vez se hiciera pis en la piscina de Amaya Arzuaga!
Pasmada la hubiera dejado.
Entonces, puede que yo ahora estaría "el mundo", en lugar de en Javea...

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