Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

sábado, agosto 16, 2003

Un mantón de la China na China na China na...

Un mantón de la China na te voy a regalar. Por ser las fiestas de Paloma.

Madrid bajo el sol del 15 de Agosto.

Ví hace siglos una película, en la que un individuo sobrevivía a un holocausto nuclear, y se enfrentaba a una nada desértica, sofocante, y sobreexpuesta de luz. Así es Madrid hoy.
Vuelvo al tanatorio. Esto se está convirtiendo en una tétrica costumbre de mis días de fiesta. Así nunca se me va a quitar la cara de querer estar en otra parte.
Sin saber muy bien porqué, me encuentro paseando por la calle. En medio de esta soledad nuclear. Bajo el sol. A unos 40º. Sudo por todos los dobleces de mi cuerpo. Hasta los párpados. Podría presentarme al concurso Miss Camiseta Mojada en el asfalto.
Pego la nariz a una verja de una urbanización con jardín. Huele a verde y a piscina. Quiero estar ahí dentro. Ser de clase media alta. Un estudiante, aunque sea de derecho, que se prepara para los examenes de septiembre. Papá y mamá le han dejado sólo en Madrid. Piscina, siesta, porros, móvil, porno, pajas, y toda la vida por delante.
Reanudo mi paseo bajo el sol, sacudiéndome la nostalgia de ser de otro.
La soledad nuclear de Madrid bajo el sol me atrae y me asusta, como el paisaje desértico del Cabo de Gata en invierno.

Madrid bajo la luna del 15 de Agosto.

Hay miles de supervivientes al holocausto nuclear. Estamos todos en las fiestas de la Paloma.
Antonio Vega toca en las vistillas como un espectro del pasado.
En la calle de la Paloma bebo mojitos en un antro felliniano llamado el Rincón de Cuba. Una bruja echadora de cartas, un enano, putas tristes, fracasados, perdedores. Sobrevivir es un trabajo duro. Para unos más que otros. Sólo cuestión de suerte.
Al final de la calle de la Paloma la gente ha enloquecido bajo el ritmo atronador de los éxitos de la música española de los últimos 20 años.
La gente suda, grita, baila, salta, canta, desea, besa, ríe, trepa a los contenedores, se desnuda,...
Algo del infierno de Dante.
Algo de túdequieneres, el anuncio de Kas.
Algo de Brasil en carnaval.
Algo del bar lleno de monstruos de Abierto hasta el amanecer.
Es divertido ver las fantáticas performances de un hada mala.
Es bonito ver a O el turbulento sin turbulencias (aparentemente), cantando y bailando con desgarro teatral.
Desahoga oirme cantar a gritos y bailar en medio de la calle. Aunque no me sacudo del todo la sensación de estar encerrada en una caja invisible, y no lograr hablar el mismo lenguaje que los demás.
Lástima que el hombre Zen haya desertado, y no pueda poner un poco de paz en toda esta locura.
Vuelvo en taxi a casa. Hace una noche estupenda. La luna está tan bonita, que parece un decorado. Suena una versión lenta y susurrante del "Dime que me quieres" de Tequila. Siento que es para mí. Deseo oirla más alta.
El taxista sube el volumen.
No hay duda. Es sólo para mí.
Las luces del nuevo puente de la M30 me trasladan a mi propio Brooklyn. El aire me despeja. Salgo del encierro de la caja invisible. Mi yo me deja de "apretar".
Deseo que la canción no acabe nunca, pero me temo que esto no me lo va a poder solucionar el taxista.
Ni nadie.