Miss Universo Obraman
Me gusta. Pasar delante de una obra y comprobar que hay tradiciones que no desaparecen. No importa que tengas 16 o 96 años, que uses una 36 o una 48, que seas morena, rubia, o calva, que seas Jamaicana o de Teruel, que seas diputada o limpies WC. No importa. Aunque la licra ayuda. Las voces se alzan a la vista de una presunta forma femenina. Discriminación sexual indiscriminada. Me gusta. Sin exigencias. Sin motivos. Sin análisis. Sin pensar. Gritos que descubren que estás viva.
El vigía da la voz de alarma desde un mar de ladrillos, la tripulación dispersa le secunda. No muevo ni un músculo. Continúo mi camino. Cara de poker. Sé que existo.
Saboreo los "piropos". Todos. los clásicos, los cursis, los sorprendentes, los originales, los porno, los bastos, los cinematográficos... Una vez me gritaron ¡Chocho loco, siempre nos quedará París! Estupendo ejemplo bastosorprendentecinematográfico.
Sé que también se puede encontrar algo parecido con los militares. Para mí no es lo mismo. Siempre preferí, palillo y carajillo, a botas y fusil.
Últimamente, las obras se han llenado de inmigrantes, aportando una dimensión internacional de lo más cosmopolita. Voces nigerianas, rumanas, ecuatorianas, polacas, de Alcorcón, argelinas, peruanas, marroquíes, argentinas, ah! supiro, argentinas,... Las escucho. Me disfrazo de esfinge. Acelero el paso. Estoy viva. Existo. Soy Miss Universo Obraman.
Cuando era pequeña me obsesioné durante mucho tiempo por la casificación de mi belleza. ¿Soy guapa mamá?, ¿abuela, soy guapa? Preguntaba. Del montón, respondían. Sí ya, pero ¿de que montón? Insistía. Pues de que montón va a ser, se impacientaban, del de el medio, ni guapa, ni fea. Llegado a este punto, detectaba el bofetón a las puertas y callaba. Pero por dentro me hacía ilusión pensar que "el de los montones", había puesto en el medio el montón de las guapas, asi que, aunque nadie más lo sabía, yo era guapa, que es lo que por aquel entonces me importaba.
Años más tarde, pasaría frente a una obra y alguien gritaría ¡Guapísima!
Reafirmo mi teoría de los montones.
Poco más tarde de los años más tarde comprobaría que había guapísima para todas: mi madre, mi abuela, un cura de los de antes, por la confusión por las faldas de la sotana, seguro que habría un guapísima para Jordi Pujol con peluca.
Cae mi teoría de los montones.
De cualquier modo le tengo cariño a esta discriminación sexual indiscriminada. Nadie es perfecto, aunque si pasas por delante de una obra...
Recomendación: vease la película documental "En construcción".

<< Home