Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

martes, junio 10, 2003

Separada, con hija, y sin cojera, busca casa.

Unos amigos han vendido su piso. Y tal vez por aquello de que "las casas se quedan con un trocito del alma de sus habitantes", o por que el ser humano es un absurdo cotilla, o porque cada vez me cuesta más encontrar algo que decir, pregunté:
¿Y quién os la ha comprado?
Una mujer separada, con una hija, y algo coja, me respondieron.
Me decepcionó la respuesta. No sé que esperaba. "Un violonchelista polaco y su Iguana Federica", "una levantadora de piedras vasca y su novia poeta", "Pipi Calzaslargas y su caballo a lunares", "Esperanza Aguirre para utilizarlo como nido de amor en sus encuentros secretos con el cantante de Extremoduro"...
Yo ando buscando casa. Cuando la compre, alguien preguntará al propietario, ¿quién la ha comprado?
Una separada con hija y sin cojera, será su respuesta. Decepción. Ni siquiera coja, pensará.

De madrugada, para no pillar atasco, Siempre S y yo salimos a cazar piso.
En la Gran Vía de San Francisco apuntamos un teléfono de Se Vende. Llamo. Por la astronómica cifra, pienso si el teléfonó estaba en la vidriera de San Francisco el Grande, o en la pared de la Catedral de la Almudena, o tal vez en un balcón del Palacio Real,...
No me desanimo. Visito pisos que, prescindiendo de algún órgano que no utilice mucho, tal vez podría pagar. Una tortura. No puedes escapar. Tienes que masticar el Diosmíoquehorror, y disimular con cara de poquer enumerando interiormente lugares en los que vivirías antes que ahí: la prisión del "Expreso de la medianoche", el hospital psiquiatrico de "Alguien voló sobre el nido del cuco",...mientras te informan que el mural que te recuerda a una ataud gigantesco, tamaño Titanic, con sus figuritas de lladró, va incluído en el precio. La abuela, desde un sillón junto a la ventana grita, ¡¡¡NO, NO, NOOOO!!!
No quiere irse de aquí. Es que son muchos años. ¿verdad, abuela? Me informan.
¡¡¡NO, NO, NOOOOOOOO!!!!! Grita aún más alto.
Claro, digo, por no gritar socorro. Quedaría raro.
Después de esto sigues al agente inmobiliario sin rechistar. Presento un comportamiento masoquista enfermizo, sin personalidad. En vista del horror anterior, la calle es maravillosa. Luce el sol, los niños juegan, los pájarillos cantan,... pero al doblar la esquina, aparece un callejón gris, con un edificio oscuro, sucio, terrorífico. Transilvania, año 1900. Lanzo una mirada suplicante quenoseaquíquenoseaaquíquenoseaquí. Él me mira y asiente. No hacen falta palabras. Es aquí.
No puedes explicar el porqué, pero sabes que no puedes evitar seguir adelante. Si al menos hubiera metido los ajos y un crucifijo en el bolso...