A trabajar pasando por el Ampurdán
Llego tarde. Son las 9:45. Es primavera y la luz y la temperatura es perfecta. Camino por la acera con árboles de la fachada norte del Hotel Melia. La luz se filtra entre las ramas formando un bonito efecto caleidóscopico de sombras y luces, debido al movimiento de mis pasos camino del trabajo. La mitad del mundo ya ha llegado a la oficina. La otra mitad aún está en casa. La acera está vacía. Cierro los ojos y siento el movimiento de la luz a través de los árboles, como si viajara por una carretera comarcal del Ampurdán. Sin el cansancio de los viajes. Sin esfuerzo de pensar en la próxima parada. Sin el aire recalentado del interior del coche. Los abro porque a los cagones soñadores nos gusta nadar y guardar la ropa. Corrijo la trayectoria. Los cierro. Saco un brazo por la ventanilla para sentir el aire entre los dedos. Voy a trabajr por una carretera del valle del Ampurdán. Llego al portal.
- ÑosDías. Farfullo.
-Ñoss. Responde el portero.
El guardia de seguridad no contesta ocupado en mirar el techo. Tal vez hoy ha venido a trabajar pasando por Roma, ya que todos los caminos conducen a ella..., y está admirando los frescos de la capilla Sixtina.
Subo en el ascensor. Agobio. Hoy tampoco es un buen día para pasarlo en la realidad. Tengo que ir pensando en parar a echar gasolina, aunque en estas carreteras comarcales...

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