Vigilia hipocondriaca
Este fin de semana he tenido una gripe de lo más traicionero. En la madrugada del sábado, además de afectarme, a los pulmones, la garganta, etc,.. me afectó al cerebro. Me dió un ataque hipocondriaco múltiple: "Ele minúscula y yo teníamos Neumonía". Tenía que levantarme, depilarme las piernas, ducharme, despertar a Ele, cambiarla, vestirla, buscar las llaves del coche e irme a urgencias. Me dolía todo el cuerpo, me encontraba fatal; era imposible sacar fuerzas para hacer todo eso, así que me dí media vuelta y me dormí. Al amanecer, la luz desintegro los monstruos de la hipocondria. ¿Como harán en los Polos para sobrevivir a tanto tiempo de oscuridad?
La noche del sábado salí. Me sentí figurante en una película de Eliseo Subiela. Fuí a ver "Chicago", y a la salida me encontré un hada en el baño. Con su barita con estrella y su ropa con purpurina. Ella sóla, sin más hadas cercanas que invitaran a pensar en fiestas de disfraces o noches de carnaval. Como si en realidad fuese un hada. Después cenamos Sushi, en el Sushi bar de Lavapies. El Sushi, tan escaso y tan crudo, siempre me ha parecido comida mágica, del tipo de los "bocados" de Alicia en el País de las Maravillas, que la hacían transformarse de tamaño. Más tarde, por los bares de la zona, una anciana de pelo blanco, moño, y calcetines fusias, andaba vendiendo pulseras de pasta de colores y atrapasueños a "solo un eurito".
Espiral
Como ando desencantada, no pido SOS. Ya que como es sabido, un SOS ignorado en tiempos de desencanto puede acabar con cualquiera. Como no pido SOS, aquí ando, desencantada.
Entusiasmada con "Los príncipes nubios", de Juan Bonilla. Como él dice, "cuando sea mayor quiero ser narrador omnisciente".

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