Regreso a mi planeta, pero,... ¿en que año estamos?
(Lo mismito le paso a Charlton Heston en "El planeta de los simios")
Estas vacaciones han estado llenas de algos. Algo de road movie. Algo cortas. ¡No quiero volver a trabajar! Algo largas. ¡Quiero ver a Ele minúscula! Algo de Thelma y Louise en el cañón del Colorado. Algo de Pili y Mili van de compras...
Y llenas de muchos: mucho desierto, mucho viento, mucho sol, mucho viento, mucho polvo, y mucho viento.
Regreso con unas pocas fotos, con un trocito más grande de Shu, y sin color a puerro cocido.
Al atardecer, la luz era tan perfecta que te ponía los pelos de punta, te subía la risa nerviosa, y deseabas trepar al capó del coche a gritar con el alma. Tan diminuta y tan inmensa al mismo tiempo. No lo hice ¿Dónde andará esa yo imaginada que si se subió a gritar al capó del coche?
No puedo dejar de pensar en el Cabo de Gata en invierno. En soledad. Con el incesante sonido del viento que te puede transformar en el Jack Nicholson de El Resplandor...
Tengo el televisor de fondo mientras escribo.
Braulio, Micky, Los tres sudamericanos, Juan Bau, José María Iñigo, Luis Aguilé... Tanto revival me descoloca. Tengo miedo de mirar al sofá, por si me encuentro a mi misma con 7 años, en pijama, suplicando "mamaunratitomás", porque no quiero irme a la cama.
Voy a buscarme en el espejo, a acostarme, y a leer poesías que me espanten ese pijama floreado tan sintético de los almacenes Arias, que lleva la niña del sofá.
"Hay un cuerpo queriendo nacer bajo mi cuerpo,
el cuerpo inalcanzable, bello, enhiesto, de la joven que fuí,
que sigo siendo cuando cierro los ojos y rehuso mirarme en el espejo". Dice Gioconda Belli.
Pues si que estamos bien.
Al menos del pijama no dice nada.

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