Tiempo muerto, y una bola de petanca en el bolsillo.
Paso el fin de semana soñando con las libélulas de unas fundas nórdicas de Ikea. El lunes Alguien me habla de luciérnagas. Me siento como un personaje del sueño de una noche de verano, cuando caigo enferma.
Nauseas, escalofríos, fiebre. Dolor.
Cerrar los ojos en una habitación oscura.
Borrar el trabajo, las compras, las lavadoras.
Borrar los libros, la televisión, el teléfono.
Borrar la voz de Ele minúscula llamándome.
Soñar con Bunda, la mosca gigante del anuncio de Amena, con logaritmos neperianos irresolubles, con las vainas de la invasión de los ultracuerpos, con Rod Stewart, con el acorazado Potemkin, con el telediario de La 2, con los reyes Godos, con un meteorito que cae sobre la tierra, con una adolescente rubia en chandall, con acné y sombra de ojos verde, compañera de instituto, (recordar preguntar a Saravan su nombre)...
Desesperar en la sala de espera del médico.
¿Quién dá la vez?
Yo, digo levantando la mano con esfuerzo sobrehumano.
Me miran extrañados de que un felpudo color Simpson dé la vez.
Me voy recuperando.
Salgo a pasear por el barrio, que en horario laborable, es un lugar desconocido.
Se mueve más despacio.
A ritmo de bola de petanca lanzada por un jubilado.
Regreso al trabajo sin estar del todo recuperada. Meto la mano en el bolsillo del abrigo y aún me encuentro la bola de petanca.
Hace frío, viento, y lluvia. Un perfecto escenario para Halloween. Una buena excusa para encerrarme un fin de semana más. Una gran tristeza para Princesa allá en París.
Echo de menos a Princesa.
Carmencarmen me ha llevado a comer a Calle 54. Ella y Saravan son un año más viejos. Al entrar, te preguntan muchas cosas. ¿Comida? ¿Aperitivo? ¿Reserva? ¿Cuántos sois? - Yo sola, respondió porque no sabía si iba a llegar a comer. Oh, no te preocupes, no pasa nada, le respondieron.
Yo llevaba todo el día enfadada; sólo se me pasó cuando me contó que en casa de su novio iban a poner ascensor. La enfermedad me ha afectado a la cabeza, o la ensalada especial Calle 54 lleva drogas.
Las hadas sobrevuelan las playas de Copacabana, abandonando a Peter Pan en Barcelona a punto de ser atacado por una prostituta rusa. Ya sabemos lo que ocurre cuando a uno le abandonan las hadas.
Mientras escribo esto Ben Harper canta en la Riviera, me hubiera gustado verle...

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