De la mano de Dios
Tengo un bolso mágico.
Me lo han traído las hadas de Río de Janeiro.
Tiene tres círculos con fotos del Cristo del Corcovado. A contraluz, frente a la puesta de sol.
Es un bolso de asa, de modo que literalmente ando paseando con Dios de la mano.
El bolso llevaba un panfleto publicitario en brasileño.
Atençao. Trábalhos com forzas espirituais de todos os orixás. Se vocé e uma pessoa descrente, sofrida, nada tem dado certo, sem saber o motivo? Busque a soluçao. Separaçao. Saúde. Queda na lavoura. Vicios. Amor mal correspondido. Afaste quem te perturba. Desmancha: Bruxairas, fetiçairas, vudus, macumbas,...
¿Es mágico o no es mágico el bolso?
Es raro.
El anuncio de Coca cola me provoca un efecto extraño. No me había pasado nunca antes.
"Está despedido.
Veo una vida nueeeeva, y TÚ no estás en ella. Una viiiiiidddaaaaa NUEVAAAAAAAAA."
Se me ha pegado la canción pero CON coreografía. No sólo me apetece cantar a gritos. También siento la necesidad de bailar.
Tener que reprimir las ganas de bailar y cantar mientras trabajo, en el metro, en el supermercado...
En casa no me reprimo. Tras tanto ensayo, pienso que no me sale nada mal, pero a Ele no le gusta. Tal vez se toma la letra como una cuestión personal.
Resulta divertido.
Es raro.
¿Será efecto del bolso?
Para borrar el disgusto de mis escenografías sobre Ele, monto la tienda de campaña en el salón. Nos metemos dentro y jugamos a que andamos viajando por el mundo, a veces, incluso por la galaxia. Ele minúscula, Coco, Vera, Triqui, un par de almohadas, una manta, un paquete de galletas, un matasuegras, la cantimplora, unas gafas de bucear, una linterna, la escobilla del baño, y yo.
Lo de la escobilla es cosa suya, lo de seguir cantando y bailando el spot de Coca cola es cosa mía.
Así es la convivencia.

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