Fútbol “sala” y pisando un año nuevo
Él llega a la que fue su casa a cuidar a Ele y se pone una camiseta de fútbol con el 10 a la espalda.
¿Para estar cómodo?
¿Para no mancharse?
¿Para informar que es un hombre 10?
¿Para lanzar un cornell?
Con los hombres nunca se sabe...
A veces dispara, y si ando desprevenida quedo lesionada varios días.
Otras regatea, que es su especialidad, y me entra tristeza.
A menudo parece andar fuera de juego, y entonces no se que pensar.
Me sorprende que no le sorprenda. La naturalidad con la que llega y se planta la camiseta de fútbol.
- ¿Qué, a calentar a la banda o a chupar banquillo? Le digo.
- ¿Eh?, pregunta. Por despiste y para ganar tiempo.
Y es que a veces no parece de este mundo. De modo que me pregunto si la película “La bruja novata” no será real, y cuando me vaya, se subirá a la cama con Ele minúscula, y viajarán a la isla de Naboombu a jugar al fútbol con los dibujos animados.
Tal vez por eso le quise.
Tal vez por eso Ele le quiere lo que más en este mundo.
En Nochevieja bajo a la calle a ver pasar la San Silvestre. Es interesante ver miles de hombres en pantalón corto dirigiéndose hacia una.
Es una nochevieja triste.
Empiezo el nuevo año con un herpes en el labio del tamaño de Canadá. Esta mañana al mirarme en el espejo me ha parecido ver un alce.
Bajo a la farmacia y la farmacéutica me manda al médico de urgencias por no mandarme al planeta Vulcano, donde pasaría más desapercibida entre otros mutantes.
No me siento cómoda en la tierra, de modo que me subo a la planta 32 de la Torre de Madrid con Saravan a fabricar regalos para Reyes. Si me ha visto con la ropa y el pelo de los 80, puede verme de cualquier forma...

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