Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

lunes, febrero 02, 2004

¿Alguien ha visto dónde demonios está el mando?

La vida es una mesa de centro.
Siempre a rebosar de cosas inútiles.
Intentas llenarla de objetos bonitos, pero se transforman en basura.
Finalmente acabas conformándote con encontrar el mando a distancia de la tele.
Estúpida tele.

Sigo adelante con el piso pese a tener fantasmas escondidos.
Y es que la gente miente.
Para que la quieran.
Para que la contraten.
Para que la compren algo. Su piso, por ejemplo…
Para vivir.
Y las mentiras se acaban descubriendo. O no.

Hago quiniela para la noche de los Goya.
Shu arrasa con 21 aciertos. Cosas de hadas.
Me regala un bonito pañuelo de Jocomomola y una estupenda cena.
Yo correspondo con un marco de cristal roto con fotos movidas y cuatro lonchas de salami. Del malo. Del que destiñe.
Y es que a veces las cosas se complican y no salen como esperas.
O el tormentoso grazna ante la imposibilidad de un mundo culturalmente correcto, cuyo pensamiento me asfixia.
Queda segundo con 13 aciertos.
Hombre Zen y yo empatamos a 12. Con apuestas “no del todo correctas”. Felices. Hombre Zen empata desde Zurich con su gorro de lana puesto.

La hermana de Saravan, que yo hubiese podido ser, viene a ayudarme a descubrir fantasmas escondidos en mi posible futura nueva casa vieja.
Analiza las grietas raspando con una llave. Revisa humedades. Estudia el acabado de muros y patios.
Verla es como ver al Agente Warrick Brown de CSI.
Es estupendo que a veces no haga falta el mando a distancia.

Princesa, allá en París, le enseña el mundo a su Jota minúscula.

Yo quedo y desquedo con Vir por pereza, por angustia y por nervios…, porque hace frío, el cielo está blanco y parece que va a nevar.
Tengo ganas de verla.
Dejo las cosas para luego, porque se me olvida que no hay luego.

Y mientras, me pongo a buscar el mando a distancia en la mesa de centro.