El Macho Ibérico en Primavera
A una mujer Sola le hace crac el coche atravesando una concurrida avenida.
Mil pitidos de claxon. Mil gritos.
La Sola baja del coche, quita el freno de mano y aparta el coche a lo Herman Monster: moviendo el volante con una mano y empujando el pesado vehículo con la espinilla.
Mientras, el macho ibérico primaveral va ganando confianza.
Un millón de pitidos de claxon. Un millón de gritos.
Es bueno para la celulitis.
Empuja, empuja. Mueve ese culo!
Así, así, así gana el Madrid.
Y se animan más.
Chocho!
Y más.
Que te la meto y te la meto.
También escucha un par de ofertas de ayuda, pero ante la posibilidad que la ayuda proceda del de chocho o del quetelametotelameto decide hacerse la sorda y seguir destrozándose la espinilla.
La Sola se alegra de no ser una tía buena, en ese caso ni se imagina de que hubiera sido capaz tanto mandril.
A los cardenales de la espinilla se le unen los de haber vuelto a Ikea a ejercer de I?aki Perurena y cargar y descargar un par de muebles del tama?o de la península del Yucatán.
Él le dice que tenía que haberle avisado para acompa?arla a Ikea. Ella le mira y recuerda la vez que se derrumbó en la zona textil, o la pájara que le entró llegando a las cajas (esa vez casi lo logra), o como enloqueció de desesperación en la zona de menaje de cocina, tan cerca de los cuchillos? Mejor no haberle avisado.
Por otra parte Hacienda multa a la Sola. El cerrajero le hace copias de llaves que no abren puertas. El desinstalador de la cocina corta tuberías que no son. Una máquina absurda de aire acondicionado no la deja ver el cielo? Se aburre a sí misma.
Se imagina que es una famosa violonchelista que está de gira mundial y vive en hoteles.
Esta noche toca en el Auditorio Nacional de Tokio y anda pensando en salir a dar una vuelta por la ciudad, así puede aprovechar para practicar su japonés.
Se está bien lejos del macho ibérico en primavera.

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