Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

sábado, octubre 02, 2004

Secreto Tortuga
Ele minúscula y Él.
Él. Tengo un secreto.
Ele. Yo tengo un secreto.
Él. Mi secreto empieza por T y está aquí dentro. Muestra su cabeza.
Ele. Mi secreto está aquí. Se apunta a la nariz. Y es muy grande. Míralo, míralo, míralo. Apunta un lugar en el aire. Toma, te lo dejo un ratito. Rodea una bola de aire con sus manitas y me la pasa.
El secreto de Él son una pareja de tortugas a las que Ele llamará Titina y Evaristo.
El secreto de Ele no existe.
Me sorprende la naturalidad con la que maneja cosas que no existen. Tal vez en recuerdo de su reciente inexistencia.
Ele y El. El y Ele. Electra y Agamenón.
Escapo alegando una excusa tan inconsistente como una dolencia de próstata inexistente.
Compro una lechuga y me regalan un par de rábanos.
Me pregunto si se trata de un mensaje sobre la importancia de las cosas.
Escucho a Satie porque aprieta las teclas con fuerza.
Me gustan los trazos fuertes, las voces que suenan, las risas que se escapan, las pisadas que se marcan en la arena y saltar sobre los charcos.
A Ele también.
Vemos una y otra vez Cantando bajo la lluvia.
Estar feliz y bailar y mojarse y saltar y cantar y llover.
En technicolor como su risa.
A veces nos empe?amos en ser la sombra de Gene Kelly y bailar como él.
Se empe?a en que los secretos también bailen y es difícil no pisarlos sin saber dónde demonios están.
Se empe?a en que las tortugas también bailen y es difícil que a dos tortugas de hoy día les de por bailar claqué.
El baile nos sale fatal pero aprende que la vida es cuestión de empe?o.
De empe?o y de trozos en forma de pera.
Aquí la pera Juana, de Alcorcón,
cuchicheando con unas amigas.