Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

lunes, agosto 16, 2004

La Octava Casa.
El Pa de mis chicas del ático tiene un camión con el que Loquillo sería feliz.
Le pregunto si me lleva de mudanza y allá vamos.
En la cabina. Como Silvestre Stallone, como el diablo sobre ruedas, como Manolito Gafotas.
Me mudo.
Y llega lo más difícil: pagar.
Que no, que sí, que es un favor, que lo cojas, que no , que sí, que te mato, por Dios, zorra, cógelo, no me da la gana, me chupas las lega?as, no vale morder...
Finalmente hago una pelotilla con el dinero y lo lanzo al interior del ascensor mientras se cierra la puerta.
100 Euros.
No se si equivale a pagar con cuarto kilo de aceitunas de Camporreal o si le acabo de donar un órgano vital.
Vergonzoso.
Me parece oír reírse a mi nueva casa. Mi octava casa.
La primera noche es como dormir en la casa de Los Otros.
No me explico como Amenabar se fue a Cantabria a buscarla.
Suenan tuberías, cimientos, voces infantiles muertas en la guerra civil, perros que ladran más allá del malecón...
Y el tráfico de la avenida insistiendo en subir.
Un autobús, un coche, una moto, una ambulancia, un helicóptero, un carro de combate, un F18, dos naves espaciales, un submarino nuclear...
Nadie puede oírme gritar.
Miedo.
Por eso la gente tiene hijos, perros, gatos, peces y cds de bosanova. Para amortiguar los terroríficos sonidos de las primeras noches en las nuevas casas.
Mi primera noche en la octava casa.
Tras coser los bajos de las cortinas con mis propias manos a lo Escarlata O'hara, doy por finalizada mi obsesión por construir la casa.
Me asomo al mundo exterior.
NADA.
Calles vacías iluminadas bajo un resplandor nuclear y un silencio sobrecogedor.
Madrid a 15 de Agosto.
NADA.
Como diría Escarlata, ma?ana será otro día.
En mi nueva casa.
Todo el mundo está invitado.
Si sois valientes, después de medianoche...

Aquí un vecino.