
A cámara lenta
A Nueva Orleans, tras el huracán Katrina, la ayuda humanitaria llega deemaasiiaadoo deespaaciioo.
Las cifras de refugiados desbordan las previsiones.
Reina el caos.
La desesperación de los supervivientes crea verdugos, víctimas, héroes, asesinos y ladrones.
Y nosotros, desde nuestras casitas con agüita, luz, cerrojo para los malos y nevera llena, andamos preocupados por el último estreno de Fernando León de Aranoa en el cine, nos echamos las manitas sobrealimentadas y consumistas a la cabeza y exclamamos comopuedesercomopuedeser un ratito, tan sólo mientras avanza deespaaciioo la cola del cine, a la espera de ver una hermosa y falsa historia de princesas que no lo son.
Mientras, los fascículos y las colecciones absurdas caen de los árboles anunciando otro otono, otro curso, otro ano.
Forro 70 euros de libros de texto, que maldita la falta que le hacen a un nino que aún no sabe leer.
Ele minúscula juega en bragas y katiuskas.
Leo a Chejov que hace juego con las botas y con los ciclos vitales. Nacer, crecer, amar o no, morir y ya.
Planes para ser más listos, más felices, aunque lo único seguro es que seremos más viejos.
Planes para todos.
Ele minúscula podría ir a natación, pienso.
Tienes que venir a las 6.30h a coger número.
De la tarde. Confirmo.
De la manana. Desconfirman con tonillo burlón.
Voy por curiosidad de ver a un funcionario trabajando a esas horas y porque los padres de hoy somos estúpidos.
En medio de una calle sin montar, antes del amanecer, formo parte de una cadeneta de padres sobreobsesionados por darles el mundo entero a sus hijos para que manana se lo coman. Mientras vamos siendo masticados por el tiempo. Sin darnos cuenta. Sin que importe. Porque cuando ellos crezcan se comerán el mundo y todo quedará en paz.
La cola se mueve taan deespaaciioo.
Horas más tarde esperamos en una sala la asignación de 40 plazas entre 160 números.
Creer en lo imposible. Como animar a Espana en los mundiales.
Una mujer entra con su número en una mano y cinco ninos escalonados cuán los hermanos Dalton en la otra.
Atraviesan la sala miradas llenas de cuchillos hacia esos ninos que amenazan las plazas del resto de las camadas.
Las vacantes se van acabando.
No queda para natación básica.
No queda para matronatación.
No queda para natación nivel 1.
No queda para psicomotricidad.
Nos informan.
Pues la apunto a Natación avanzada.
A salto de trampolín.
A submarinismo a pulmón bajo el hielo.
A iniciación a la taxidermia.
Pienso por aprovechar la absurda espera.
Hacia el mediodía abandono la inútil sala.
Salgo a una calle que es mi calle pero es otra.
Con jubilados que no dan a basto en supervisar tanta obra.
Con bebes y ninos de vacaciones.
Con amas de casa de las de antes y chicas de servicio.
Sólo el yonqui, el borracho y el parado son los mismos.
Una calle que se mueve mucho más deespaaciioo.
A Nueva Orleans, tras el huracán Katrina, la ayuda humanitaria llega deemaasiiaadoo deespaaciioo.
Las cifras de refugiados desbordan las previsiones.
Reina el caos.
La desesperación de los supervivientes crea verdugos, víctimas, héroes, asesinos y ladrones.
Y nosotros, desde nuestras casitas con agüita, luz, cerrojo para los malos y nevera llena, andamos preocupados por el último estreno de Fernando León de Aranoa en el cine, nos echamos las manitas sobrealimentadas y consumistas a la cabeza y exclamamos comopuedesercomopuedeser un ratito, tan sólo mientras avanza deespaaciioo la cola del cine, a la espera de ver una hermosa y falsa historia de princesas que no lo son.
Mientras, los fascículos y las colecciones absurdas caen de los árboles anunciando otro otono, otro curso, otro ano.
Forro 70 euros de libros de texto, que maldita la falta que le hacen a un nino que aún no sabe leer.
Ele minúscula juega en bragas y katiuskas.
Leo a Chejov que hace juego con las botas y con los ciclos vitales. Nacer, crecer, amar o no, morir y ya.
Planes para ser más listos, más felices, aunque lo único seguro es que seremos más viejos.
Planes para todos.
Ele minúscula podría ir a natación, pienso.
Tienes que venir a las 6.30h a coger número.
De la tarde. Confirmo.
De la manana. Desconfirman con tonillo burlón.
Voy por curiosidad de ver a un funcionario trabajando a esas horas y porque los padres de hoy somos estúpidos.
En medio de una calle sin montar, antes del amanecer, formo parte de una cadeneta de padres sobreobsesionados por darles el mundo entero a sus hijos para que manana se lo coman. Mientras vamos siendo masticados por el tiempo. Sin darnos cuenta. Sin que importe. Porque cuando ellos crezcan se comerán el mundo y todo quedará en paz.
La cola se mueve taan deespaaciioo.
Horas más tarde esperamos en una sala la asignación de 40 plazas entre 160 números.
Creer en lo imposible. Como animar a Espana en los mundiales.
Una mujer entra con su número en una mano y cinco ninos escalonados cuán los hermanos Dalton en la otra.
Atraviesan la sala miradas llenas de cuchillos hacia esos ninos que amenazan las plazas del resto de las camadas.
Las vacantes se van acabando.
No queda para natación básica.
No queda para matronatación.
No queda para natación nivel 1.
No queda para psicomotricidad.
Nos informan.
Pues la apunto a Natación avanzada.
A salto de trampolín.
A submarinismo a pulmón bajo el hielo.
A iniciación a la taxidermia.
Pienso por aprovechar la absurda espera.
Hacia el mediodía abandono la inútil sala.
Salgo a una calle que es mi calle pero es otra.
Con jubilados que no dan a basto en supervisar tanta obra.
Con bebes y ninos de vacaciones.
Con amas de casa de las de antes y chicas de servicio.
Sólo el yonqui, el borracho y el parado son los mismos.
Una calle que se mueve mucho más deespaaciioo.
En una ciudad en la que ya estamos todos.
Los solitarios del Madrid de agosto, tristes por la invasión.
Los que regresan, tristes por volver.
Y todos respondiendo al quetaltusvacaciones por no llorar.
Madrugando y trabajando de nuevo pero aún con resaca.
Los solitarios del Madrid de agosto, tristes por la invasión.
Los que regresan, tristes por volver.
Y todos respondiendo al quetaltusvacaciones por no llorar.
Madrugando y trabajando de nuevo pero aún con resaca.
Deespaaciioo, muuyy deespaaciioo.

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