Y sin tener porqué.Mr Kazuo viene a mi casa, que ayer fue suya, a recoger unas cartas de la embajada de Japón.
Llega puntual.
Con rapidez y ceremonia se produce el intercambio.
Para ti, para Ele.
Para Yuki. Tus cartas.
Recoge mi ofrenda.
Y con pasitos breves, inclinaciones de cabeza y varios adiós-gracias adiós-gracias, vamos escenificando una ortopédica danza de despedida hasta que desparece tras la puerta.
No sé a que viene lo de los regalos.
Como si fuésemos un Jefe Sioux y un antropólogo americano.
Como si fuésemos un terrícola y un extraterrestre en son de paz, (me pido extraterrestre).
Mi regalo es una postal y un bolígrafo del Tokyo National Museum, con una ilustración de un tal Toshusai Sharaky.
Me parece lejano y gracioso. Especial.
Más hermoso aún por lo inesperado y el sin tener porqué.
Otro fenómeno inexplicable es el de la memoria últimamente.
Como decía Ray Loriga en Tokyo ya no nos quiere, la memoria es como un perro, le lanzas un palo y te puede traer cualquier cosa.
Y a mí venga a traerme recuerdos bonitos.
Que si paseo por una ciudad del otro hemisferio terrestre con amor y con mocos. Que si juego a las luchas de Bruce Lee con mi hermano. Que si alguien me despierta y me lleva en brazos hasta la ventana para mostrarme un paisaje nevado instalado mientras dormía.
Y yo ni siquiera peso.
Mucho mejor que en la realidad.
Preocupante si uno que es más bien dado a refocilarse en su angustia.
Encuentro esta felicidad de lo más sospechoso.
De modo que aquí ando preguntándome que me traeré entre manos, y asustada ante la posibilidad de tener que tirar toda una vida de oscuridad y pesimismo por la borda.
Tan féliz. Y sin tener porqué.
La presentación del libro Retratos se acerca, y a uno le entran ganas de correr como si le persiguiera Satanás o de tener un clon para que lanzarle a él a que se desenvuelva con los humanos.
Menos mal que existe Tormenta con sus superpoderes.
Te mira a los ojos y te dice que el oscar a mejor interpretación femenina es tuyo.
Y tú vas y te los crees. Es mío, susurras bajito.
Ni siquiera te mosquea el hecho de que no eres actriz y jamás has actuado en ninguna película.
Tú la crees y flotas sobre tu cabeza agarrada a una estatuilla.
Juro que es así. Un superpoder. Y sin tener porqué.
PD. Ahora el libro de Retratos se vende en Panta Rhei (Hernán Cortés,7) y en Isolee (Infantas, 19). Cosas de Tormenta que si quisiera lo podría colocar en el Tokio Nacional Museum, en un tenderete en la capilla Sixtina del Vaticano o en la estación espacial internacional.

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