De sueños proletariosHe tenido un sueño.
Sin la trascendencia del de Martín Luther King.
Sin la belleza de los de las princesas nórdicas que transforman ascensores en columpios.
He soñado que me despedían y la hipoteca me aplastaba tras haberse convertido en un gigantesco puerco de ladrillos.
-Oink, oink, OINK, chillaba mi hipoteca.
Mientras Ele minúscula me tironeaba de una falda feísima que llevaba puesta pidiéndome a gritos:
-Mamá, dame un filete y vamos a misa.
Al abrir la puerta de la calle, en lugar del rellano, me encontraba una habitación con una gigantesca cama en dónde el hombre de mi vida fornicaba con otras mujeres.
-Perdón, exclamaba, y cerraba de golpe.
-¿Por qué no salimos? Venga sal. Mamá sal. ¿Por qué no salimos? Insistía Ele a mi espalda.
Y de minusculeces
Ele minúscula discute durante el recreo.
-Una chica y una chica se pueden casar.
-No pueden.
-Si pueden.
-No pueden.
-Si pueden, que me lo ha dicho mi papá.
-No pueden, que me lo ha dicho el mío. Y ahí anda, tan bajita y enfrentándose a la manipulación informativa.
Voy conduciendo.
Ele minúscula va sentada en su silla en la parte de detrás del coche.
Una amiga va de copiloto.
-Qué sola estoy aquí detrás, exclama en tono tango.
-Estar sola no está tan mal.
-Ya, pero que alguien se siente aquí detrás conmigo.
-Imagínate que se sienta a tu lado Zaplana, o Georgia Dann cantándote el Chiringuito, o un loco psicópata.
-¿Quién?
-El doctor Octupus, ¿querrías?
-No, pero que se siente Spiderman.
-En el mundo hay millones de Octupus y a Spiderman no hay quien le encuentre.
-Pues le buscamos.
-Y si no lo encontramos, ¿quieres que se siente Octupus?
-No.
-¿Ves?
-Di que no, que vamos a encontrar a Spiderman, opina indignada mi amiga copiloto.
Y es que la información es lo que tiene, que en cuanto uno la tiene en sus manos le entran unas ganas irresistibles de manipularla.
Y lo peor es que luego va y se lo cree.

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