Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

domingo, enero 08, 2006

Mi vida sin Pedernal

Cuando uno lleva más de una década luchando en la selva vietnamita, o en la jaula, acaba confiando en su companero como si fuera su propia extremidad.
Mi compa?era desde que la tierra es tierra se llama Pedernal.
Es de piedra y de otro planeta diferente al mío.
Es lejana y sin florituras.
Es rápida y rebelde.
De las que conducen sin curvas y sin frenos.
Mil veces en dirección contraria.
La ma?ana del 30 de diciembre los altos mandos la mandan a casa.
Pedernal se va, me deja y me abandona.
Y ahí me quedo desnuda frente al Vietcong, sin nadie que en idioma hollywoodiense de peli de guerra me pueda salvar el culo.
Desprotegida, con la cabeza encajada en el panel de una feria, esperando que quien pase me lance tartas, pelotas, granadas.
Aterrorizada porque los altos mandos me han cambiado la ametralladora por unos guantes de boxeo, con los que he de enfrentarme a balas, misiles y bombas atómicas.
Que sin Pedernal no es posible, farfullo inútilmente porque nadie escucha.
En el sitio de Pedernal ponen un ficus bejamina.
Como planta está bien, pero la informática no es lo suyo.
Y yo pienso en Pedernal.
Lo retiran y traen un plomero fresador aficionado al piragüismo.
Y no te digo yo que en lo suyo no sea bueno, y además con inquietudes.
Pero la investigación no es lo suyo.
Y pienso en Pedernal.
Un buen día el plomero no aparece.
En su mesa un caramelo de café con leche.
Me lo como.
Mientras lo saboreo me da por pensar que tal vez me esté comiendo al sustituto.
Está rico, aunque se pega en los dientes.
Es inútil seguir pensando en Pedernal.
Demasiado trabajo y demasiada desesperación.
Me pongo los guantes de boxeo, los calzones, y obediente emprendo el baile nervioso del boxeador que espera encajar los más de cuatrocientos golpes.
Pienso en lo cerca que estoy de Rocky Marciano.
Por los golpes, por lo rudimentario de sus combates, y sobre todo por lo marciano.
En definitiva, después de tantos anos, tantos días y tanta batalla, no puedo imaginarme mi vida sin Pedernal.

Pero la vida sigue.

Paso la última noche del ano en Nueva York con unas amigas que siempre andan a vueltas con el sexo.
Paso la noche de Reyes con Holly Holightly y Bruno Lomas y los Bravos y los Íberos y los salvajes y los Cheyenes. En casa de Hada mala, dónde amasan su propio pan y se bebe vino sudafricano.
Paso la noche del domingo escribiendo esto para intentar olvidar que el lunes tengo que madrugar y ponerme los guantes de boxeo.
Y dejar de pensar en Pedernal.