Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

sábado, mayo 19, 2007

Mi hija la asesina

- Si tú te mueres, me iría a vivir con papá. Y si papá muere, con los padrinos. Y si los padrinos mueren me iría a vivir a casa de Irene; y si sus papás se mueren, Irene y yo nos iríamos a vivir con Lara. Y viviríamos las tres juntas.
Pese a ser asesinada por mi propia hija, decido no estropear su sueño de independencia y amistad. Me abstengo de decirle que su razonamiento, además de políticamente incorrecto, hace aguas a partir de la tercera ronda de cadáveres.
Por no mencionar lo improbable de tanta muerte.
- Por eso la familia real nunca viaja al completo dentro de un mismo avión –apunta mi madre desde la cocina.
No es necesario preguntarle el porqué, ya que las Eles de mi familia están genéticamente preparadas para andarse preguntando y respondiéndose a si mismas y te lo van a comunicar aunque no quieras.
- Para que no acabe la estirpe –continúa.
Y la palabra estirpe me suena a serpiente negra con malas intenciones deslizándose por el suelo haciendo eses.
Y como las Eles me han llenado la casa de muerte pienso en la palabra sacamantecas, que siempre me ha parecido divertida.
Y la cabeza se me llena de exequias, entierros y sepulturas.
De homicidios, matricidios y uxoricidios.
De escabechar, despachar y envenenar.
Que el veneno es el método más limpito.
Que bien lo sabía Lucrecia Borgia y la emperatriz Agripina.
Que la muerte es el camino más fácil para conseguir los sueños.
El amor, el poder, la fama.
Sólo se trata de eliminar todos los cuerpos que interfieren entre uno y su objetivo.
¿Cuántas copas de veneno hasta llegar a Russell Crowe?
¿A cuántas el nobel de Literatura?


Es bonito pensar en la muerte a la ligera cuando a uno le pesa tanto.
Es difícil pensar en la muerte a la ligera cuando a uno le ataca en la profundidad de las madrugadas.
Y el insomne lanza una mano desesperada para tocar un cuerpo que le diga que está vivo.
Y ese miedo a no encontrar cuerpo en las madrugadas desesperadas empuja a muchos a emparejarse con cualquiera.
Y hay mucha pareja junta sin amor, pero con monovolumen, piscina y niño para amortizarla.
Y los lunes lentejas, los jueves paella, y el domingo a casa de tu madre.
Y buscar otras parejas con niños para no escuchar que no hay nada que decir.
Que se trata de espantar las madrugadas y no estar sólo.
Y de tanta conveniencia uno acaba pensando que el amor no existe.
Luego resulta que sí.
Raro pero sí.
Y uno se queda muy quieto para que no se le convierta en monovolumen, piscina y niño para amortizarla.
Y envidia a la familia Monster con su casa vieja y ese quererse fuera de la vida porque ya están muertos.
Que cuando se buscan en la madrugada es porque sí.
Ese quererse a lo tonto.
Como debe de ser.
Lejos de la Tierra.
En la nave.

Y Ele minúscula de fondo sigue su matanza imparable camino de sus sueños.
-Y si Lara e Irene se mueren, yo me voy a vivir con…