Piloto de aeronaves, soy
En el puente uno sale a buscar mares y playas con Ele minúscula a modo de salvavidas en el asiento de atrás del coche. Como carezco de novia que la amenice el viaje la aburro durante medio millar kilómetros.
- Me aburro aquí detrás.
- Qué sola voy.
- A mí no me gusta estar sola.
- Me casaré y tendré hijos y viajaremos todos juntos.
Va soltando Ele a intervalos de cinco kilómetros.
- En un monovolumen entonando cancioncillas del estilo un flecha en un campamento sch sch –pienso para mis adentros.
- Después me separaré y viajaré con mis hijos –continúa.
- No me volveré a casar después.
- Encontrar a alguien es difícil –sentencia, porque los minúsculos manejan fenomenal las frases hechas.
Hoy día todo se puede encontrar por Internet.
Y soy un atractivo piloto de naves espaciales.
De modo que imagino que redacto el siguiente anuncio:
Se busca novia que amenice viajes de minúsculos en el asiento de atrás del coche. Experta en adivinanzas, cancioncillas y que pinte con amor uñas y manos del minúsculo. Ofrezco vuelos en nave espacial.
Y a modo de slogan marketiniano, para venderme mejor, añadiría:
Si la vida mata, mejor que te pille en pleno vuelo.
Tal vez me respondería un ama de casa aburrida de Dakota del Norte que, además de pillarme algo a desmano, para aburrirse mejor que lo haga en Dakota que en el asiento de atrás de mi coche.
Quizá respondería también una voz con acento sospechoso y rebañil a la que se la escaparía un balido. Acabaría descubriendo que se trata de una oveja, y por muy bella que sea, tampoco es plan.
Y por último respondería el asesino de la matanza de Texas, pero le descubriría por el olor a cuero de su máscara y el sonido de sierra eléctrica de fondo, que a mí a cinéfila no me gana nadie.
De modo que acabo rechazando la idea de Internet y dando la razón a Ele minúscula.
Encontrar a alguien es difícil.
Al fin llegamos a una playa vacía tan llena de lluvia que seguro se llevaría el título de lugar más melancólico del mundo.
Ele me mira, la miro, me mira, la miro.
Su silencio parece decir: A ver que demonios se te va a ocurrir ahora.
Comienza a soplar un viento que amenaza enterrarnos en arena.
Que sería capaz de hacer que uno se vuelva loco.
Y un solitario colchón hinchable amarillo es arrastrado por el viento mar adentro.
Hay veces en que uno es un colchón hinchable amarillo en mitad del océano –pienso.
Soy un atractivo piloto de naves espaciales y una colchoneta hinchable amarilla perdida mar adentro.
Y tras otro medio millar de kilómetros de aburrimiento, regresamos a Madrid.
Él, que tiene una novia que ameniza viajes de minúsculos en el asiento de atrás del coche de forma fenomenal, viene a buscarla.
Por la calle avanzan a velocidad de tortuga deteniéndose a cada paso para andar descubriendo el mundo.
A mí no se me dan bien las lentitudes.
Van jugando a los guerreros Ninjas absurdos y silenciosos en una surrealista performance que reconozco divertida.
Tampoco se me da bien.
Que lo mío es ser un atractivo piloto de naves espaciales, una colchoneta hinchable amarilla perdida mar adentro y alguien, como el cabezón del toro aquel, que se enamora de la luna.

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