Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

viernes, febrero 09, 2007

Ombligos pintados

Ele minúscula pinta su nombre en mi tripa con rotulador imborrable.
Como si fuera posible borrar su nombre de mi cuerpo aunque nunca lo pintase.
Y uno se siente protagonista de algo que no entiende muy bien, como si alguien hubiese olvidado poner subtítulos.
Y dan ganas de probar e ir pintando el nombre en otros ombligos.
Para ver que se es y que se tiene espacio.
Para quedar colgada de un sitio que no es mío.
Para saberse capaz de viajar lejos.

También este mes quedo pintada en el calle 20 de febrero.
En la página de al lado de Andres Neuman, en una “cercanía” que da vértigo.
Me pintan saliendo de mi boca “Nostalgia en Pé”, el título de un microrrelato que no está. Y dado que el cuento no aparece, las palabras me quedan desconcertadas y bailonas, como de loquita los peines.

Como no todo es pintar tengo que ir allá a la jaula.
Reunirme con jefazos anglosajones llamados Peter que monologan sobre cosas que no importan.
Cuando me llega el turno de participar me apetecería levantarme la camisa y enseñar el minúsculo nombre que baila inmenso sobre mi ombligo.
O escenificar una danza inventada tan tonta como su monólogo.
O buscar sinónimos de escapar.
O, sobre todo, hablar de cosas que si que importan: de soledades, de ficciones, de sexo salvaje, de sexo marino, de lugares hermosos, de música que pone la carne de gallina, de llorar en el cine.
En su lugar digo “variables discriminantes para el posicionamiento de las principales operadoras de telefonía móvil”.
Mientras, eso sí, deslizo la mano sobre mi ropa, hasta mi tripa, sobre mi ombligo.
Para no perder el norte y acordarme de las cosas que importan.

Y en mi boca se me pinta una calentura del tamaño de Australia con su gran cordillera, su barrera de arrecifes, sus koalas, y sus canguros saltimbanquis.
De los nervios, de ser verdad, y mentira, y madre, y amante, y amiga, y mala, y buena, y valiente, y cobarde, y atrapada, y tan libre, y práctica y tan inútil, y tan imposible, y posible, y acompañada, y tan sola.
De ser todo y ser nada.
De pura ficción, de puro sueño, de puro idiota.

Este jueves Madrid llovía con desesperación.
Y un enorme viento huracanado andaba despeinando los cuerpos.

Hoy, un minúsculo ombligo pintado con mi nombre, duerme en mi cama.
Un minúsculo ombligo que asciende y desciende al ritmo de una respiración que encierra la felicidad o algo que se le parece mucho.
Aunque también en la cama, con nosotras, la inevitable nostalgia del viento.