Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

lunes, diciembre 04, 2006

En la Gran Vía y en Calle 20

Que Burgos no tiene mar, ya se sabe.
De modo que esa no fue la causa de que la mujer y su recién estrenado hombre acabaran desembarcando en la Gran Vía, en los años treinta.
Que la Gran Vía tampoco tiene mar, esto también se sabe.
Venían a vivir.
Quizá soñando con bailar mambo, ajenos a que tocaba guerra.
Y para desembarcar, qué lugar mejor que la calle El barco.

Más tarde la mujer queda sola con sus crías, porque al hombre se lo lleva la guerra.
Y vive hambre y miedo.
Y la muerte y la resurrección de su hombre (dado por muerto por cambiar de bando).
Pero al fin y al cabo a eso vino.
A vivir.
A aguantar temporales allá en El barco, perpendicular a la Gran Vía.

Más tarde la mujer ve el regreso de su hombre de la guerra, ve crecer a sus hijos, ve cada día la Gran Vía.
Y compra en Sepú y en Galerías.
"Esta calle ya no es lo que era", dirá la mujer a su nieta.
Quizá porque las putas tomaron el barco o simplemente porque los lugares son más bellos cuando se es joven.

Más tarde la mujer desaparece.
Y la siguen Sepu y Galerías.

Hoy la hija de la hija de la mujer se pasa la vida en la Gran Vía.
Esa hija de la hija, que soy yo, escribe un minúsculo cuento sobre la Gran Vía.
Para la revista Calle 20 de este mes de diciembre del 2006.
"Palencia lunar en la Gran Vía", se titula.
Y habla de Burgos con sus inexistentes playas.
Y habla de su casa, la Gran Vía.
Un buen lugar para perder y para encontrar.

Y esa hija de la hija le cuenta a su hija, Ele minúscula, que la Gran Vía es suya.
Que es un estupendo lugar para navegar y perderse. Para inventar mil historias
Le cuenta, que ella lleva el nombre de la madre y de la hija de esa mujer que desembarco en la Gran Vía.
Y Ele minúscula, tan ajena a aquella mujer, pese a compartir escenario y sangre, sigue a lo suyo.
Ocupada en confundir palabras, como testículos con tentáculos, mientras juega a tener un restaurante al que insiste en llamar “Puño”.
Como si descendiera de Chuck Norris en lugar de esa mujer oriunda de las no playas burgalesas.
Y la hija de la hija, que soy yo, le sigue contando que no es triste no tener una casa a la que volver por Navidad. Porque ya estamos en casa.
Que nuestra casa es la Gran Vía.

http://calle20.20minutos.es/12_dic_2006/pdfs/pag042.pdf