Contra tristezas: BujumburaQue mañana empieza el colegio y con el la tristeza.
Por las vacaciones que se nos han escurrido entre las manos.
Si Proust armó la que armó por la magdalena, que no hacer tras perder playas y cubos y palas y pueblos con pinos y ferias…
Por la vida que nos espera.
Con tanto madrugón y tanto libro y tanto baby y tanto patio.
Y como Ele minúscula salió de poco aspaviento, como su madre, pregunta bajito con esa voz rota que acompaña a las desgracias mayúsculas e inevitables.
¿Por qué tengo que ir al colegio?
Y pienso que porque esto es lo que hay.
Porque cuanto antes te acostumbres mejor.
Porque no eres una rica heredera.
Porque encontrarás amigos, y también torturadores…
Pero las dos sabemos que ninguna respuesta se va a llevar la angustia de tener que ir mañana al colegio.
Porque tienes que aprender muchas cosas –le digo, como si valiese para algo la razón.
Porque algunas de esas cosas son mágicas –continúo dispuesta a utilizar armas que no quiero.
¿Cómo cuales? –pregunta emocionada.
Como cual es la capital de Burundi –improviso.
¿Y cuál es?
Bujumbura.
Bujumbura –repite cuidadosa como para no romperla- ¿Y por qué es mágica?
Porque si estás triste funciona como conjuro.
Y la susurro muy bajito: Bujumburabujumburabujumbura.
¿A qué ya?
Sí –responde tan crédula y confiada que dan ganas de llorar.
Por saberla tan indefensa de puro ingenua, por saber que perderá esa ingenuidad por el camino.
Y pese al conjuro, en la habitación pesa un aire de fusilamientos al amanecer.
Y se duerme.
Y duermo a su lado.
Y en mitad de la noche oigo en sueños:
Bujumbura, Bujumbura…
Y pienso que estaría bien poder utilizar el conjuro cuando el amor se acaba, cuando cumples más años de los que desearías, cuando vas perdiendo amigos por el camino, cuando el tiempo se va haciendo tan estrecho…
Y a la mañana siguiente, llenas de sueño, de legañas y de toneladas de libros, vamos al colegio.
Y cruza la puerta hacia su jaula.
Y antes de meterse en clase mueve los labios, y aunque no oigo lo que dice, se que pronuncia ese lugar en África Central.
Y quedo en la acera deseando que el conjuro funcione.
Aunque tal vez sólo lo utiliza para que me quede tranquila.
Pd. Entrada dedicada doblemente al Innombrable.

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