Adiós, hola, que sé yoQuisiera abandonar la nave.
Me muero de pena al abandonar la nave.
Ele minúscula pinta naves y cuevas y cielos y piratas y árboles y mares y pájaros y esquimales y montañas y lobos y tartas y marcianos y cucharas y vampiros y soles y hormigas.
Pinta con impaciencia, con ceras, con rotuladores, con tiza, con lápices, con el dedo.
Pinta en cuadernos, en servilletas de papel, en el aire.
Pinta en casa, en la calle, en el metro, en el parque, de pie, mientas camina, mientras monta en bici, en sus sueños mientras duerme.
Ele minúscula pinta y pinta y pinta.
Algunos son bonitos, otros divertidos, muchos de ellos son feos como pesadillas.
Su producción gráfica es infinita como las obras de Madrid.
Hay dibujos en el sillón, en el baño, bajo las camas, en la nevera, en las ventanas viendo pasar el tiempo, jugando al mus en el salón, chateando en internet, incluso algunos de ellos han comenzado a fumar.
- Esto no puede seguir así -les he dicho a los dibujos.
- Tenemos que ir tirando algunos -le intento explicar a Ele.
- ¿Por qué? -me pregunta con la lógica de los que se niegan a ir muriendo.
- Porque no cabemos, porque las partidas de mus duran hasta el amanecer, porque están empezando a fumar.
- Vaya -contesta con el rostro tristón de un San Bernardo, el perro, no el santo.
No sé por dónde empezar.
Lo más justo sería comenzar deshaciéndome de los dibujos fumadores, de modo que agarro una playa, con sol, sombrilla, cubo y pala, y una toalla dónde toma el sol un pez martillo con un bañador a rayas.
No puedo hacerlo.
Lo intento con un iglú pintado de verde aceituna con cara, sombrero mejicano y una rana de aspecto demoniaco.
- ¿Y esta rana? -pregunto a Ele por ganar tiempo.
- Es un conejo, lo sacó el mago del sombrero -me explica como si fuese idiota.
- ¿Y dónde está el mago? -insisto.
- Es el iglú, ¿no ves que tiene cara?
Sé que no lo voy a hacer.
Me rindo.
Y mientras los dibujos bailan la conga y beben sangría en el salón para celebrarlo, escribo una nueva entrada para mi weblog.
La nave sigue volando.
Y los dibujos de Ele me hacen cosquillas en los pies cuando Ele no está.
Les estoy enseñando a jugar a mayseforyuti, quizá sea el comienzo de una bonita amistad.

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