Las princesas ya no quieren ser princesasSábado, atardece.
Y la infanta Elena en Mercadona haciendo la compra.
Ya lo dicen las canciones, que las niñas ya no quieren ser princesas.
Lo de los príncipes ya se sabía de sobra que era una leyenda,
como los unicornios, los vampiros, o la justicia.
Lo de pasar la tarde del sábado en el súper, acaba con el mito para siempre.
Luego sales a la gran ciudad que es una gigantesca ratonera.
Con sus obras, con sus locos, con su sobrepoblación, con sus aristócratas, con su ciudadanos corrientes que tragan CO2 y atascos y escupen bocinazos al Alcalde que les colocó las jaulas y las trampas y que les vacía los bolsillos a golpe de multa para pagar más jaulas y más trampas. Con sus infantas.
¿Se desesperarán las infantas en los atascos?
Como antídoto lo único es andar enamorado, pero el amor existe sólo en algunos planetas, como el agua.
Y no se puede tener todo. O sí.
Hace dos años me tocó la sorpresa del roscón de Reyes.
Una figurita de un conejo vestido con una braga rosa empujando una carretilla.
Hace ilusión.
Qué suerte, exclamé satisfecha.
Qué suerte, exclamaron los demás a coro.
¿Suerte?
Seguro que a la infanta Elena le habrá tocado alguna vez la sorpresa del roscón.
¿Habrá pensado que era una princesa con suerte?
Hay veces que uno desea cosas que no le convienen o que si que le convienen.
¿Quién sabe?
De modo que me quedo quieta.
Miento. Callo. Me escondo.
Veo 29 episodios de House prácticamente seguidos.
Veo Antes del amanecer y Antes del atardecer, y pienso que sí que debe haber planetas con agua.
¿La infanta Elena tendrá agua?
Ele minúscula es niña y no quiere ser princesa.
Quiere ser Spiderman y escritora.
No sé si deseará ir a hacer la compra a Mercadona.
A veces la llevo a algún parque de juegos del Retiro.
A que juegue con columpios, toboganes y otros seres de su especie.
O de otras especies porque una vez estaba la infanta Elena con sus hijos.
Con el solazo, el polvo, el bajatedeahíquetematas, comovayatevasaenterar.
¿Querrá Victoria Federica ser princesa?
Esto de los sueños cada vez está más difícil.
De los atascos y el caos en que han convertido Madrid mejor no hablamos.
De las zonas azules de aparcamiento en medio de la nada, mejor tampoco.

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