De seres anticotidianos en difícil y estrambótico equilibrioSobre los techos del Club Morocco, en las entrañas de Madrid, se encuentran trece personajes anticotidianos suspendidos en un difícil y estrambótico equilibrio.
Sólo saberlos emociona.
Hay un hombre que viaja en bicicleta de madrugada por la Gran Vía, imaginando acantilados junto al mar donde juntar palabras, mientras una mujer pirotécnica le espera en la habitación de al lado.
Hay una mujer valiente que toma decisiones duras y bellas que te hacen pensar que la vida es un lugar mejor de lo que en realidad es.
Hay un hombre con una voz tan bonita que cala hasta los huesos, salido de otro tiempo y de otro lugar, en dónde quizá se escuche el mar de Tirreo.
Hay una mujer que lee y lee y lee, y escribe y escribe y escribe sin parar.
Hay otra mujer que en realidad es un duende castizo del sueño de una noche de verano, y uno la puede ver saltando para hacer sonar los cascabeles de sus zapatos, mientras no cesa de reír a carcajadas.
Hay un hombre parapetado tras un ingenio de pensamientos neperianos e imposibles.
Hay una mujer que es una melodía de Mozart, de nombre dulce y verbo ácido, que conoce el secreto para engañar a la vida y que la conceda mucho más que al resto de los mortales.
Hay otra mujer silenciosa e inteligente que parece encerrar abismales universos de secretos y risa.
Hay un hombre desgarrado, mentiroso y sincero, capaz de crear personajes mágicos y de matar al dragón, al ruiseñor y a la princesa o inventárselo.
Hay un señorito andaluz de la España de Lorca que no se atreve a escribir lo que quiere.
Hay mujeres rubias que trabajan en bancos y viven en palacios, capaces de dirigir ejércitos, tejer espléndidas telas de araña y reírse de los príncipes salvadores.
Hay un personaje extraño recién salido de un tebeo, que va y viene repartiendo historias divertidas y veloces.
Hay una mujer convencional por fuera y desconcertante por dentro que escupe palabras duras mientras se pregunta si existe el amor a altas horas de la madrugada.
Y yo.
Y en medio de tanto gris uno se emociona al encontrárselos cada jueves.
Sobre el Morocco.
Bajo una coreografía estática de piernas de puerco descuartizado.
En la Edad Media, entre palacios, en una noche veraniega de tormenta.
Lloviendo cuentos y cuentos y más cuentos.
Trece seres anticotidanos.
En difícil y estrambótico equilibrio.
Emociona.

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