Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

sábado, julio 15, 2006




Y otro verano más

Serrat canta a Lucía y Ele minúscula me busca y me dice que esta pintura rosa pinta mal.

Y tiene el culo tan blanco como todos esos dientes con los que no para de reír, y los brazos tan morenos cubiertos de un vello rubio como fideos, que sabe a sal.
Es lo que tiene el mar cuando cocina, que se le va la mano con la sal.

Y a las algas las llama acelgas y por la tarde toca feria.
Y su feria es un lugar mágico tan distinto de mi feria, que dan ganas de llorar por ser mayor.
Montamos en el tren de la bruja y no ve los colores desvaídos, la madera rota, el Peter Pan bizco, el asiento sucio y hundido del conductor. Un conductor con aspecto de saber deletrear cárcel, condicional y poco más. Y su padre tal vez, con un disfraz pelotilloso y rancio de Pedro Picapiedra, nos dá escobazos y juega a esconderse con torpeza y con desgana.
Y coches de choque, camas elásticas, un castillo hinchable y olor a churro.

Después vamos a cenar a una taberna del puerto, a la que quizá más tarde acuden el marinero y el capitán a ver bailar a una rubia loca.
O a un chiringuito de playa bajo la luz de la luna, repleto de familias y paellas y alemanes.
Y brindamos y nos contamos secretos al oído como dos amantes.
Y los camareros nos tratan con el cariño blandito con el que se trata a los débiles o los desafortunados, como si tuviésemos los bolsillos llenos de gatitos recién nacidos.

Por ser solas, por ser chicas, que sé yo.

Y nadamos, nadamos y nadamos.

Y vienen a nadar con nosotras el Innombrable y su hermana la que es un dibujo.
Sin toallas y con cierto desentono de puro blanco.

Y también vienen a nadar la Princesona guerrera, empeñada en que este mundo tiene arreglo, y su niña doble, que es mayor y niña para siempre y que en otra vida fue delfín.
Las dos tan frágiles y tan fuertes, como chicas de Almodóvar, capaces de mover cadáveres de hombres en pesados arcones frigoríficos.
Y jugamos a adivinanzas verdes como tortugas, como mocos.
Y perdemos la noción del tiempo entre tanta playa, tanta arena y tanta ola que va y viene.

Y eso está bien.

Otro verano más.