Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

viernes, agosto 11, 2006



Río, Líbano, París, Madrid.

Que unos pingüinos aparecen en la playa de Río de Janeiro.
Que se han equivocado, dicen.
Que cambian silencio por samba, soledad glaciar por carnaval, la nieve fría por el voley playa.
Que se han equivocado, dicen.
Porque no les hemos registrado el equipaje.
Apostaría que encontraríamos bikinis y bronceadores en sus maletas de pingüino.

No puedo dejar de pensar en una foto con dos niñas en una carretilla.
Son como Ele minúscula.
Seguro que les divertiría el viaje en carretilla si no fuese porque están perfectamente muertas y las acaban de ‘rescatar’ bajo los escombros de la guerra.
Y mientras las agencias de viaje lanzan sus ofertas de vacaciones de última hora.
Descubre la magia de Grecia.
Noches de locura en Ibiza.
Maldivas, último paraíso en la tierra.
Líbano, niñas muertas a tu alcance, a tan sólo unas horas de vuelo.
¿Líbano tiene playa?

Intento regresar a los pingüinos bailando samba en tanga.
Pero es difícil no pensar en niñas que son tan Ele minúscula y que están tan rotas.
Antoine Doinel me rescata de los escombros para llevarme a París, en los 60, en los 70, casi en los 80.
Optimista me cuenta que hay vida después de que a uno le den cuatrocientos golpes.
Una vida bonita, aunque el amor tenga la manía de fugarse siempre.
Que viva Truffaut.
Maldita la guerra.
Y superviviente de momento entre tanto naufragio y tanta mierda, tarareo con esperanza el amor en fuga de single.
Y escribo cuentos.
Y quedo con hadas en una terraza de Shangai, y con el turbulento que ama y se despide y se duerme, y con Zen que querría acabar con la guerra, y con una futura ciudadana de China que aprende mandarín, y aunque a ratos hablamos de dinero, enfermedades, y del monstruo del Euribor que no para de trepar sobre nuestras espaldas, en el cielo brilla una luna gorda y aquí en un Madrid cerrado por obras conmigo dentro, ando esperando visita de Ele Minúscula que ríe.
Y eso es lo único que importa.