De Superman y los escaqueadoresEl verdadero misterio de Superman es cómo demonios es posible que nadie le reconozca por el simple hecho de ponerse unas gafas.
Cuando era pequeña e iba al cine a ver Superman, mi atención estaba fuera de la pantalla, ¿es que nadie lo ve?, ¿sólo yo me doy cuenta de este absurdo? Y lo que verdaderamente no tenía nombre era lo de Louise Lane, su propia novia, ¿esa mujer es idiota o qué?
Luego al crecer, uno se va dando cuenta que son muchas, demasiadas, las mujeres que fingen no darse cuenta de muchas, demasiadas cosas de los hombres a los que ‘aman’ y piensas que puede que sea esto lo que le pasa a Louise: vaya pues va a ser esto lo que le pasa a Louise.
También te das cuenta de que existe el fenómeno Superman en la oficina.
Uno se encuentra con escaqueadores que creen que saben escaquearse y que no les ve nadie.
Como niños que se tapan los ojos y creen ser invisibles.
Ellos se ponen sus gafas de Clark Kent y allá te dejan en la trinchera matando indios.
Otros compañeros de trinchera deciden que si Clark no está, ellos tampoco.
Y uno, que no sabe abandonar trincheras pese a odiar la guerra, intenta convencer a los desertores.
Que uno debe hacer lo que cree correcto, que uno no puede guiarse por el ojo por ojo y diente por diente, que entonces el mundo se vuelve un lugar inhóspito, que todos seríamos terroristas…
Amosandanomejodas, yo no me como la mierda de Clark, dicen los desertores con toda la razón del mundo.
Pero no vas dejarme que me la coma yo solo.
Y resulta que se si. Que si que te dejan. Que te lo mereces por idiota.
Y lo peor no es eso.
Lo peor es tener que pasar tantas horas con las contradicciones de querer a Clark, que son muchos años juntos, y tener la necesidad de dispararle cuando te comenta con su tremenda cara de feldespato:
A mi la gente que se sabe escaquear me parece perfecto. No hay que ser tan idiota.
Y será por justicia, será por sentido ético de no enmarronar, será por un estúpido sentido de que ya que tienes que hacer algo, hazlo bien.
O será que efectivamente soy idiota.
Tal y como piensan Clark y los desertores.
Y doy vueltas a esto mientras callo, frente a Clark, frente a los desertores y frente a otros idiotas como yo.
Porque cuando uno se hace mayor está mal visto que nadie diga lo que piensa, y menos aún en el mundo laboral. Que lo que está bien visto es atacarse por la espalda.
Y veo que es una lástima que los idiotas estemos en minoría.
Y pienso que el mundo acaba siendo de los Clarks.
Y admiro lo bien que saben vivir los desertores.
Aunque tal vez, el mundo sería un lugar mejor si hubiese más idiotas.
Que lástima que al crecer las cosas se vuelvan tan turbias.

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