In the cage y en Calle 20En la jaula soplan gases de solución final.
Todos nominados.
Todos jefes.
Todos locos.
De modo que nos ofrecen clases de inglés.
Y uno piensa que if I had a hammer, I’d hammer in the eye in sky, looking at youuuuu.
Porque las estúpidas canciones para aprender inglés se le quedan a uno clavadas en el cerebro para siempre con el maldito hammer.
– Aha, defínete a ti mismo –te dice una profesora nativa, con aspecto de hamburguesa a medio hacer.
Y uno se define como automatic, systematic, hydromatic and grease lightning, mientras cruza los dedos para que la indígena cruda no haya visto Grease.
– Aha, ¿qué has hecho este fin de semana? –continúa a lo suyo.
– Walking on the wild side –respondes poseído por Lou Red.
Y ante su sorpresa, y por los mismos nervios añades:
– Like an egyptian.
Y tú te averguenzas de tus palabras, como es habitual.
Y la medio cruda te sitúa en algún grupo como quién mete un cubito de hielo en el cajón de los calcetines.
Y sabe que no encaja, y que no durará mucho.
Pero que se le va a hacer.
Y a uno le gustaría ser de los que encajan, y saber estar en el mundo.
Pero que se le va a hacer.
En la revista Calle 20 de este mes publico mi texto, “Love story: espumadera y yo”.
Con una bonita ilustración, pero que me hace echar del menos a Artista.
Con foto en el sumario y todo, en la que soy minúscula y diminuta.
Y pienso en Ele minúscula y canturreo la sintonía de aquellos dibujos animados:
Los diminutos, nadie sabe dónde están. Están viviendo con nosotros, pero seguro que, no los veras.
Soy uno de los “cómplices del mes”.
– “Accomplices of the month” –me digo.
Emociona verse ahí.
Arrastro a Ele minúscula a Chueca para recolectar ejemplares del Calle 20 con los que llenar la bañera. Como hace el tío Gilito con las monedas de oro. Para revolcarme entre mis textos hasta sentir que la jaula es accidente y es mentira.
Que lo mío es escribir.

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