Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

domingo, marzo 11, 2007

Ser hombre

Últimamente he deseado ser hombre.
Observar ese mundo inexplicable desde dentro.
Dedicarme a hacer sólo una cosa cada vez, descubriendo esa paz mono-tarea.
Llevar mujeres a ver el mar por vez primera.
– Mira nena, el mar –diría.
Y ellas me mirarían cuan ovejas ojipláticas, y sólo su mirada bastaría para empalmarme.
Que chicas, puede que cinco, diez, quince, veinte años más jóvenes que yo, se enamoren de mí, y decida amarlas si quiero, embarcándome en un eterno día de la marmota, como Bill Murray.
O dejarme cazar condescendiente, y que ella cuide el nido mientras corro de aquí para allá haciéndome el ocupado.
Que cada noche, al llegar a casa, me pregunten si tengo hambre y me hagan dos huevos fritos para cenar.
Para darle vueltas a la idea de abandonarlo todo e irme con la otra al Paraguay, sin pensar que vamos a hacer allá cuando se nos gasten los besos.

Ser hombre.
Para andar lejos de palabras como depilación que despelleja.
Para ganar más y no tener que babear frente a un bebe, aunque sea el mío.
Para viajar por el mundo sin burka ni tampax en la maleta.
Y no teñirme de rojo cada mes.
Que no exista la posibilidad-imposibilidad de violación por guapa o por fea.
Y que las tetas no reboten al correr.

Ser hombre.
Para luchar frente a frente y no de lado y en desventaja.
Para pegar puñetazos en las puertas y soltar tacos.
Para gritar Sí o No al sexo a las claras.
Que el Sí sea ser un vividor, no puta ni ninfómana.
Que el No sea ser selectivo, no estrecha ni frígida.
Que nadie me mire con esa compasión blandita por andar desparejada.

Y mientras unas jugamos a ser hombres, Ele minúscula quiere ser yo. Y se peina sus cuatro pelos bonitos y rubiajos con raya, y se pinta en la frente ese pico de viuda (le llaman), o de vampira, con rotulador negro.
Y tan contenta, tan ingenua y tan payasa, me dice:
– Mira soy tú.
Y como ella todo lo hace posible, me pinto bigote y la doy la replica:
– Mira, soy un hombre.
– Podemos ser novios
-opina ella
– Vale –acepto.
– Te quiero todo el parque del Retiro, con su Palacio de Cristal, su Lago, sus barcas y sus carpas mutantes de tres ojos –me declaro.
–Y yo todo Madrid, con todas las grúas y los McDonalds –me responde.
Y así pasamos la tarde jugando a novios en un amor de lo más autonómico.
Ójala el amor fuese así siempre.