Locura transitoriaQue no existe la gente normal esta claro.
Que si lo parece, es por disfraz.
Que si nos pudiésemos asomar a la cabeza del vecino encontraríamos cualquier cosa.
Ovejas merinas con liguero, bebés sonrosados y látigos.
Cuencos de arcilla con cabeza de gato, jirafas y maletines con dinero.
Nubes, trajes de novia y pistolas .
Cuentos de Salinger, pezones y la sonrisa de Burt Lancaster.
Plantaciones de maría, yates y máscaras de cuero de lucha mexicana.
Por poner un suponer.
Que la normalidad es tan sólo un traje, que si se deja uno llevar…
Se empieza gritando blanco y se acaba chillando negro.
Imponentes como guerreros samuráis y frágiles como niños.
Navegantes de la genialidad y la estupidez.
Rebeldes inútiles que se baten en duelo con molinos de viento.
Viejas cotillas que critican al hermano valiente que se fue con la rubia desconocida.
Superhéroes capaces de rescatar cuatro veces a la chica en una noche de viernes cualquiera, para luego dejársela olvidada en la cornisa de un sexto piso.
De ser verdad y mentira al mismo tiempo.
Como si estuviésemos hechos de la misma sustancia que el cine.
Tan rellenos de historias que no podemos parar de contar.
Seres contradictorios con ansias de todo.
De ser payaso, almirante, mariposa, vikingo, enmascarado y sirena.
Seres idiotas de manos vacías, porque todo es imposible.
Deseando normalidad mientras hacemos el pino puente desnudos en mitad de la Gran Vía.
Deseando locura mientras abrazamos un cuerpo que ya no queremos, por costumbre y para que las viejas cotillas no tengan nada que decir.
Que cansado ser humano.
Haciendo equilibrismos entre la normalidad y la rareza.
Preocupados en ser normales o raros cuando lo único que importa es ser felices.
A veces hay suerte.
Uno sin darse cuenta mira hacia abajo y descubre que vuela.
Que se puede volar aunque parezca una locura.
Que aquel que dice que volar es imposible miente.
Y el que vuela se sorprende.
Se asusta y se espanta.
Se cae y se duele.
Que volar, como todo, duele de vez en cuando.
Aunque sea sólo por la imposibilidad de poder andar volando siempre, o siquiera cuando se desee.
Que cansado ser humano.
Haciendo equilibrismos entre la normalidad y la rareza.
Preocupados en ser normales o raros cuando lo único que importa es ser felices.
A veces hay suerte.
Uno sin darse cuenta mira hacia abajo y descubre que vuela.
Que se puede volar aunque parezca una locura.
Que aquel que dice que volar es imposible miente.
Y el que vuela se sorprende.
Se asusta y se espanta.
Se cae y se duele.
Que volar, como todo, duele de vez en cuando.
Aunque sea sólo por la imposibilidad de poder andar volando siempre, o siquiera cuando se desee.
O porque los que no pueden volar no dejan de llamarte loco.
Duele ser llamado loco.
Y oye a las viejas cotillas gritar que se va a estrellar, que el vuelo es mentira.
Y cada vez más voces se unen a esos gritos.
Voces de gente que te importa, que forma parte de tu vida, que quizá, te quiera.
¿Y si tienen razón?
Y uno puede decidir quedarse en tierra más seguro.
Duele ser llamado loco.
Y oye a las viejas cotillas gritar que se va a estrellar, que el vuelo es mentira.
Y cada vez más voces se unen a esos gritos.
Voces de gente que te importa, que forma parte de tu vida, que quizá, te quiera.
¿Y si tienen razón?
Y uno puede decidir quedarse en tierra más seguro.
Que cobarde y que estúpido.
Que disparate renunciar al vuelo tras el milagro de encontrarlo.
Que lo mejor es volar, volar y volar, hasta caer.
Después siempre se puede alegar locura transitoria.
Que disparate renunciar al vuelo tras el milagro de encontrarlo.
Que lo mejor es volar, volar y volar, hasta caer.
Después siempre se puede alegar locura transitoria.
Locura, el amor.

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