Metros de ida y vuelta hacia las jaulasIda. Menéndez Pelayo
Satié y Bizet suenan al son de acordeón y de maraca.
Tan desesperados y tan tristes a esas horas, camino de las jaulas, que los andenes quedan extrañados de que a los viajeros no nos dé por lanzarnos a las vías.
Y uno piensa en nuevos negocios. Eficacia. Sinergia. Optimización. Públicos de interés. Redes neuronales. Medios emergentes.
Ida. Antón Martín
Un argentino de acento dulce que adormece bonito, habla con su novia entre beso y beso de viviendas e hipotecas.
Y uno piensa en hipotecas que crecen y amenazan con devorarlo todo.
Ida. Tribunal
Un grupo de niños como hormigas arrastra maletas gigantescas.
Se les escapa la emoción y la risa loca por la boca y por los ojos.
Por ese salir al mundo.
Es lo que tienen las primeras veces.
Y uno piensa en presentar la declaración de la renta. En deducciones. En ierrepeefes.
Ida. Cuatro Caminos
Dos polacos como armarios, manchados de pintura y rubios como la cerveza, discuten sobre cual de sus móviles es mejor. No se si llevarán el pecho tatuado.
Y uno piensa en cuando es la reunión del colegio de Ele. Que tiene que hacer la matrícula. Autorizar su excursión. Coserle un disfraz. Llevarla a un cumpleaños. Contratar las vacaciones.
Ida. Valdeacederas
Una mujer lee. Otra mujer lee. Una niña lee despacio:
Des-pu-és del to-que del sil-ba-to.
No en-trar.
No sa-lir.
Y uno recuerda el mensaje de antes.
Se ruega no introducir el pie entre coche y andén.
Y el juego estúpido con su hermano en los viajes de metro.
– Se ruega no introducir la cabeza entre coche y andén –empezaba uno.
– Se ruega no introducir el páncreas entre coche y andén –continuaba el otro.
– Se ruega no introducir la vesícula biliar entre coche y andén –seguía el uno.
– Se ruega no introducir el corazón entre coche y andén –solía aparecer en boca de alguno.
Por aquel entonces uno ignoraba la de sitios inadecuados en los que se puede acabar dejando el corazón.
Y en esas uno llega a la jaula, enciende el ordenador y se prepara para morirse otro poquito, como cada día.
Vuelta. Valdeacederas
Y uno parece que va dentro del vagón pero no.
Que anda fuera tumbado sobre el césped del Retiro jugando a la forma de las nubes.
“Veo dos pulmones”. “Eso no vale”. “Claro que vale”.
Vuelta. Cuatro Caminos
Escuchando un concierto improvisado de Jazz que suena a Brasil, de una voz que canta como el cielo.
Vuelta. Tribunal
Paseando entre libros, manoseando esas mil historias que pueden ser suyas.
Bajo el sol. Comiéndose un polo de lima.
Vuelta. Antón Martín
En un cine vacío, viendo El buen nombre. Tan bonita.
En una terraza bajo los árboles hablando de cosas que importan mientras anochece.
Vuelta. Menéndez Pelayo
Y Satié y Bizet, diez horas después, siguen sonando en la estación.
Tan desesperados y tan tristes como antes.
Pero ya no dan ganas de tirarse a las vías.
Que el día es de los monstruos pero la noche es nuestra.
Para leer historias, volar, dormir abrazados a alguien.
Aunque sea para perder, llorar y reptar por la tarima a ritmo desesperado de Satie o de Bizet.
Que la noche es nuestra.

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