Mujer MenguanteEres grande y fuerte, pero en un momento encoges y encoges, hasta quedar minúsculo y perdido, a punto, si te descuidas, de desaparecer por una rejilla de desagüe.
Uno se encoge al enfrentarse a personajes seguros.
De esos que saben lo que quieren y son capaces de conseguir todo lo que se proponen.
Como Artista y Tormenta, tan inmensos como trasatlánticos en medio del universo.
Uno los mira y piensa que es imposible que desaparezcan por una rejilla de desagüe.
Que se guardan las espaldas y tienen la despensa repleta para pasar mil inviernos.
Y me llevan a un restaurante Siciliano, tan perfecto como ellos.
Y yo no sé que hacer con tanto moco, del maldito constipado empeñado en acompañarme a donde quiera que voy.
Y uno piensa en ellos y se encoge.
Mira, me dicen.
Y me enseñan el nuevo libro de lustraciones de Artista.
Un libro tan bello que asusta.
“Bis”, se llama.
De un universo paralelo, inquietante, bello, obsceno y sensorial.
Lleno de mujeres en posturas inauditas, construidas a partir de líneas imposibles.
Y uno admira en el libro y mengua un poco más.
Tan hermoso y tan fetiche. Un tesoro.
Y sólo pienso en que no quiero mancharlo.
En mocos y manos sucias.
¿Qué te parece?, preguntan.
Y lo que me parece es que quiero irme.
Salir corriendo a lavarme las manos, a sonarme los mocos, a que alguien me abrace y me diga que yo también soy fuerte e inmensa como un trasatlántico.
Lleno de mujeres en posturas inauditas, construidas a partir de líneas imposibles.
Y uno admira en el libro y mengua un poco más.
Tan hermoso y tan fetiche. Un tesoro.
Y sólo pienso en que no quiero mancharlo.
En mocos y manos sucias.
¿Qué te parece?, preguntan.
Y lo que me parece es que quiero irme.
Salir corriendo a lavarme las manos, a sonarme los mocos, a que alguien me abrace y me diga que yo también soy fuerte e inmensa como un trasatlántico.
Pero el Innombrable está en Amberes y el hombre de la luna seguro que duerme la siesta.
De modo que permanezco sentada como un mono titiritero, al que le han dado un valiosísimo, delicado y único jarrón de porcelana China.
Y por no llorar, y por que lo es, digo que es cinematográfico y magnífico.
Después comemos cosas exquisitas y me cuentan historias divertidas.
Finalmente me traen a casa en un coche inmenso, espectacular y lleno de cielo.
Y a medida que el coche avanza yo me voy haciendo más y más pequeña.
Y cruzo los dedos todo el trayecto para no desaparecer entre el hueco de los asientos, ya que resultaría embarazoso.
De modo que permanezco sentada como un mono titiritero, al que le han dado un valiosísimo, delicado y único jarrón de porcelana China.
Y por no llorar, y por que lo es, digo que es cinematográfico y magnífico.
Después comemos cosas exquisitas y me cuentan historias divertidas.
Finalmente me traen a casa en un coche inmenso, espectacular y lleno de cielo.
Y a medida que el coche avanza yo me voy haciendo más y más pequeña.
Y cruzo los dedos todo el trayecto para no desaparecer entre el hueco de los asientos, ya que resultaría embarazoso.
Para dejar de pensar en ello hago comentarios huecos como el cilindro de cartón del rollo de papel higiénico al acabarse.
Ya en casa llamo al hombre de la luna para que me salve antes de que me haga tan pequeña que desaparezca, pero tal como me temía, duerme la siesta.
Ya en casa llamo al hombre de la luna para que me salve antes de que me haga tan pequeña que desaparezca, pero tal como me temía, duerme la siesta.
Así que yo sigo menguando.
Y hablo con mi Ex, fenomenal y pizpireto, incansable y megaguay.
Que Ele Minúscula es su patria y no importa que hay más allá de sus fronteras.
Tan seguro y tan perfecto que a inmenso superpadre indiscutiblemente gana Él.
De modo que menguo un poco más.
Ya de noche el hombre de la luna se digna a bajar desde su satélite.
Yo creo que menguas por envidia, me dice.
Y hablo con mi Ex, fenomenal y pizpireto, incansable y megaguay.
Que Ele Minúscula es su patria y no importa que hay más allá de sus fronteras.
Tan seguro y tan perfecto que a inmenso superpadre indiscutiblemente gana Él.
De modo que menguo un poco más.
Ya de noche el hombre de la luna se digna a bajar desde su satélite.
Yo creo que menguas por envidia, me dice.
Y me abraza hasta que me recupero un poco, entonces insiste una vez más:
- Tengo que irme a explorar el universo.
Y aunque se queda a mi lado, pienso en cicuta, cianuro y hachazos en el cráneo.
Luego me despisto entre vuelos y naves y películas que son obras maestras, como el Orfanato.
Y uno piensa en cosas bellas que transportan, como cuando eres niño y se te posa una mariquita en la mano, con su traje gitana rojo y negro, y te hace cosquillas con sus patitas mientras te preguntas dónde habrá dejado sus zapatos de tacón.
- Tengo que irme a explorar el universo.
Y aunque se queda a mi lado, pienso en cicuta, cianuro y hachazos en el cráneo.
Luego me despisto entre vuelos y naves y películas que son obras maestras, como el Orfanato.
Y uno piensa en cosas bellas que transportan, como cuando eres niño y se te posa una mariquita en la mano, con su traje gitana rojo y negro, y te hace cosquillas con sus patitas mientras te preguntas dónde habrá dejado sus zapatos de tacón.
Y sin darse uno cuenta, regresa al tamaño normal.

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