Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

domingo, noviembre 04, 2007

Atrapada en Pe

Pe de puta peonza.
Paria, posesa y pesada que patea el porvenir, los principios y las primaveras, cuan paquidermo profeta que parlotea sin pausa.

Ha sido sin querer, dice el paquidermo.
Pero una vez has encajado tanto puño, piensas que lo mismo da sin querer que queriendo, que ya estás harto.
No de los golpes, que al fin y al cabo se encajan porque estas vivo, sino de tanta moviola.

Los niños dan vueltas y vueltas y más vueltas.
Dejar de dar vueltas que os vais a marear, les advierten.
Y caen al suelo mareados.
Y quedan tumbados sobre la hierba,
Que les hace cosquillas en las piernas porque están en bañador.
Que han ido a pasar el día al río en bicicleta.
Y al abrir los ojos las sombras de las hojas de los árboles no dejan de bailar
Y se mueren de la risa.

Luego uno se hace mayor y no aprende.
Se enamora y se sorprende a si mismo dando vueltas y vueltas y más vueltas.
Deja de dar vueltas que te vas a marear, nos siguen advirtiendo.
Porque todos tenemos millones de advertencias para los demás.
Y caes al suelo mareado.
Y quedas tumbado sobre las pelusas y las migas de la tarima.
Que hace días que no friegas, que no hay tiempo.
Entre contaminación, cemento y atascos infernales.
Entre semáforos llenos de pájaros de mentira que nunca callan.
En vísperas de madrugones y oficinas.
Y uno se muere de la pena.

Que uno quisiera andar siempre columpiándose y darse besos del revés.
Besos para que se calle.
Con alguien tan perfecto que no habla.
Siempre escucha.
Que no gira, ni marea.
Alguien que no dice que ha sido sin querer.
Alguien que no duele.
Alguien que no existe.
En un lugar tan diferente que parezca encantado.
En un bosque lleno de árboles.
En un día verano largo y luminoso.
Donde las sombras de las hojas de los árboles no dejan de bailar.
En un lugar y un tiempo que no existen

¿O sí?