“Ayer me volvió a suceder algo horrible: nada”.
La vida avanza pero uno se atasca,
en medio de ninguna parte, en brazos de nadie.
Huyendo de esa nada escapa a los bajos de Isolée,
a la presentación de Bis, el nuevo libro del Artista.
Y dice estas palabras.
“Bis es un secreto de esos que se susurran bajito y a escondidas.
No es para compartirlo con tu madre, ni tu jefe, ni tu novia, ni tu amante.
Y no es porque encierre coños y botellas,
pistolas y perros,
pezones y bocas.
Ni porque desnude mujeres que buscan placer,
en posturas inauditas,
construidas a partir de líneas imposibles.
No. No es por eso.
Es porque los coños, las botellas, las pistolas, los perros, los pezones y las bocas,
conducen a otro universo.
Es porque sus mujeres, inquietantes y sensuales,
transportan a otro mundo.
A ese otro lugar que cada uno lleva en su interior.
Un prostíbulo en Copacabana, lleno de botes de Coppertone,
la cabaña en el bosque de Caperucita, acechada por los lobos,
una sofocante habitación de hotel en Saigón, con una pistola sobre la cama,
la barra del Bada Bing de los Soprano, y sus streapers tristes y desganadas…
Porque hay lugares donde se debe viajar a solas.
Y Bis es uno de ellos”.
Eso dice,
Huyendo de esa nada escapa a los bajos de Isolée,
a la presentación de Bis, el nuevo libro del Artista.
Y dice estas palabras.
“Bis es un secreto de esos que se susurran bajito y a escondidas.
No es para compartirlo con tu madre, ni tu jefe, ni tu novia, ni tu amante.
Y no es porque encierre coños y botellas,
pistolas y perros,
pezones y bocas.
Ni porque desnude mujeres que buscan placer,
en posturas inauditas,
construidas a partir de líneas imposibles.
No. No es por eso.
Es porque los coños, las botellas, las pistolas, los perros, los pezones y las bocas,
conducen a otro universo.
Es porque sus mujeres, inquietantes y sensuales,
transportan a otro mundo.
A ese otro lugar que cada uno lleva en su interior.
Un prostíbulo en Copacabana, lleno de botes de Coppertone,
la cabaña en el bosque de Caperucita, acechada por los lobos,
una sofocante habitación de hotel en Saigón, con una pistola sobre la cama,
la barra del Bada Bing de los Soprano, y sus streapers tristes y desganadas…
Porque hay lugares donde se debe viajar a solas.
Y Bis es uno de ellos”.
Eso dice,
pero antes de decirlo uno se queda afónico por sus fobias.
Aún sin voz y metido en la nada hasta las rodillas, uno logra leer y estar.
Aún sin voz y metido en la nada hasta las rodillas, uno logra leer y estar.
Porque el Innombrable acompaña, como siempre.
Huyendo de esa nada escapa con Hada Mala.
A Persia en la oscuridad de una sala de cine.
Huyendo de esa nada escapa con Hada Mala.
A Persia en la oscuridad de una sala de cine.
A comprar zapatos de niña mala y anillos verdes.
A cenar pez mantequilla, presentarle a Selenita.
A encajar vacíos y descuidos y llorar de nuevo sobre el arroz.
Y uno se pregunta si no sería mejor nada.
Y uno se responde que sería mejor nada.
Si no fuera diciembre…
Que diciembre son multitudes desbocadas, tristezas y pies fríos.
Que diciembre son fiestas feroces, falsas y sin fe.
Que diciembre son luces infelices, pelucas y alcohol.
Que diciembre son deseos incumplidos, deseados ya si ganas por el desencanto.
Que diciembre es un espejo que nos refleja más viejos y más mansos.
No queridos.
Malqueridos.
Y el amor siempre a punto del derrumbe.
Y la frase terrible.
“Ayer me volvió a pasar algo horrible: nada”.
Y uno busca ficciones para sobrevolar diciembres, cumpleaños y nocheviejas.
Y Hada Mala, como buen hada, acude al recate y regala un tesoro:
la última temporada de los Soprano.
Y con el final de la serie en las manos uno se reconstruye y se hace fuerte, armado y con escudo.
Listo para salir al mundo en medio de difíciles diciembres, y enfrentarse a multitudes, fiestas, luces y deseos que jamás se cumplen.
A muertes, misas y funerales.
A Selenitas vehementes que no saben querer.
Porque al llegar la noche,
A cenar pez mantequilla, presentarle a Selenita.
A encajar vacíos y descuidos y llorar de nuevo sobre el arroz.
Y uno se pregunta si no sería mejor nada.
Y uno se responde que sería mejor nada.
Si no fuera diciembre…
Que diciembre son multitudes desbocadas, tristezas y pies fríos.
Que diciembre son fiestas feroces, falsas y sin fe.
Que diciembre son luces infelices, pelucas y alcohol.
Que diciembre son deseos incumplidos, deseados ya si ganas por el desencanto.
Que diciembre es un espejo que nos refleja más viejos y más mansos.
No queridos.
Malqueridos.
Y el amor siempre a punto del derrumbe.
Y la frase terrible.
“Ayer me volvió a pasar algo horrible: nada”.
Y uno busca ficciones para sobrevolar diciembres, cumpleaños y nocheviejas.
Y Hada Mala, como buen hada, acude al recate y regala un tesoro:
la última temporada de los Soprano.
Y con el final de la serie en las manos uno se reconstruye y se hace fuerte, armado y con escudo.
Listo para salir al mundo en medio de difíciles diciembres, y enfrentarse a multitudes, fiestas, luces y deseos que jamás se cumplen.
A muertes, misas y funerales.
A Selenitas vehementes que no saben querer.
Porque al llegar la noche,
uno se calza los zapatos de niña mala,
cena con los Soprano,
y viaja con Bis hasta quedarse dormido.
Y el año que viene quien sabe…
Y el año que viene quien sabe…
Quizá se pueda dejar de llorar sobre el arroz.


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