Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

domingo, marzo 09, 2008

CRAC!

Crac! Escucha una.
No es una taza que se rompe.
Ni nadie que juega a estirarse los dedos de las manos.
Ni una mecedora que se queja del balanceo infinito de un psicópata.
Es el sonido que hace la vida cuando cambia de dirección.

Crac! Sin saber porqué.
El oncólogo le dice a una lo mismo que ayer.
A una la quieren igual de mal que ayer.
En la jaula todo anda tan absurdo y tan incomprensible como ayer.
Cada mañana madrugo y enciendo el ordenador de mi mesa,
y pienso en Holanda, en una mujer en el barrio Rojo,
que cada noche se desnuda y descorre las cortinas de su escaparate.
A ganar dinero. Como yo.
Con su seguridad social. Como yo.
Y me pregunto si alguna vez la vida le habrá hecho crac. Como a mí.

Crac!
Una mujer de bata blanca me da Lexatines y quiere darme la baja.
Pregunto que si la baja impedirá que la tierra se lleve a mi padre,
que si me pagará las cuotas de la hipoteca.
Y resulta que no.
Indago sobre si cubre el colegio de Ele minúscula y la ropa y la comida y el seguro médico.
Y resulta que tampoco.
Ni por lo visto la luz, el gas y el agua.
Por los libros, el cine y las botellas de Protos mejor ni pregunto.
Le digo que mejor no.
Y pienso en la radioactiva Madame Curie.
En la bigotuda y cejijunta de cuerpo maltrecho Frida Kahlo.
En Eva Perón, que participaba en los desfiles gravemente enferma, atada a un poste, oculto bajo el abrigo, para mantenerse en pie todo el trayecto.
Que no.
Que me pido de las que no se rinden.
Aunque una pida Bikkembergs y le salga Birkenau.
Y los selenitas se marchen a la luna.
Y a los padres se los lleve la tierra.
Que no.
Si tengo a Ele minúscula, a Innombrable y a Hada mala.
Si tengo Lexatines y Ficción.
Si Etgar Keret me cuenta cuentos en los que los personajes no paran de estallar.
Y Harry Potter lo tiene difícil. Y Quim Monzó estrena Mil cretinos.
Y me guardo Vida y Destino para leerla en noches de verano frente al mar, mientras Ele minúscula duerme con arena de playa en los dedos de los pies.
Si Lizz Wright me canta al corazón.
Que no.
Que mejor continuar cada noche desnuda en mi escaparate.
Que si hay que desnudarse una se desnuda.
¿O era la del ordenador?