Si, io mi ricordoMalditas navidades, cumpleaños, fin de año.
Que traen los fantasmas de otra navidades, cumpleaños, fin de año.
Donde ya no estaremos todos.
Donde tendrás tantas cosas que decir al que no está.
Y hoy no se te ocurre nada que decir.
Mañana, tarde. Hoy, nada.
Hada mala, otro año más a mi lado en la noche en que soy más vieja, con Zen, Turbulento y Olvido.
Ele minúscula ha hecho pulseras para todos.
Parecemos personajes de dibujos animados que unirán sus muñecas, pronunciaran un conjuro y viajaran a otra dimensión, a salvar el mundo o algo así.
Selenita tarde y yéndose, como siempre.
Luego no se va, como siempre.
Y mientras…
… voy con Mastroianni, que cuenta de la levedad del tiempo, de lo extraño de la memoria que dice que es como el amor, del surrealismo entrañable y loco de Fellini, de las ganas de esconderse bajo un mueble.
… voy con Ele minúscula a ver Pagagnini, y uno sale del teatro emocionado, como en la salida de esas películas de Bruce Lee de la infancia, luchando contra papeleras y farolas.Tarareando la Javanesa de Gainsbourg, Bizet y Paganini.
… voy con Ele y el Innombrable a comer con su familia.
De regreso Él me da una maleta gigantesca que parece encerrar un cadáver dentro.
¿Están mis botas de montaña?, pregunto por decir algo.
Tus cosas, no sé, creo que sí, responde Él.
Pero ni rastro de mis botas, y efectivamente, un cadáver dentro.
Tan descuartizadito que uno ya apenas recuerda: anda mira el páncreas, apártalo que chorrea ¿y esto?, una costilla, el bazo, un hueso metatarsiano.
Busco la médula ósea para ver si sirve para mi padre.
Pero uno nunca encuentra las cosas cuando las necesita.
En un minuto se me llena la tarima de líquido cefaloraquideo y sangre.
Innombrable, sensible y exquisito, se empieza a encontrar mal y tiene que bajar a la farmacia.
Al salir, casi se cae al tropezar con un puñado de nervios y tendones.
Cuando regresa está todo limpio, la tarima reluciente.
Nada de vísceras, ni plasma, ni bacterias, ni pus, ni lágrimas.
Estoy sentadita, escuchando música francesa de los sesenta, cortesía de O el turbulento, con el abriguito puesto.
Que rápido has recogido tu sola, me dice.
Hubiera querido llamar al Sr. Lobo de Pulp Fiction,
el solucionador de problemas, que se deshiciese del cadaver,
pero es ficción y no existe.
Estoy lista para ir a Ginza.
A comer pez mantequilla.
Hablar de los Soprano y de The wire.
De lo poco cristianos que resultan los cristianos al rechazar la familia no cristiana.
De otro año que se va.
De otra nochevieja más.
De 25.000 corredores bajo mi ventana.
Un río de pelucas, disfraces, dorsales y pantalón corto.
Y una nochevieja en Nueva York,
la señorita Kubelik descubre que ama a Buxter,
Estoy lista para ir a Ginza.
A comer pez mantequilla.
Hablar de los Soprano y de The wire.
De lo poco cristianos que resultan los cristianos al rechazar la familia no cristiana.
De otro año que se va.
De otra nochevieja más.
De 25.000 corredores bajo mi ventana.
Un río de pelucas, disfraces, dorsales y pantalón corto.
Y una nochevieja en Nueva York,
la señorita Kubelik descubre que ama a Buxter,
y corre al Apartamento a pasar al resto de su vida con él.
Ojalá.
Pero es ficción y no existe.
En la vida real uno se tiene que deshacer de sus cadáveres.
En la vida real el amor no triunfa.
Ojalá.
Pero es ficción y no existe.
En la vida real uno se tiene que deshacer de sus cadáveres.
En la vida real el amor no triunfa.
… aunque siempre nos quedará la ficción.

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