Imaginando que la cama es una nave espacial

Mientras se pueda volar...

lunes, abril 06, 2009

Mujeres Maravilla
http://www.youtube.com/watch?v=b_NODJbKyZ4

Te lo cuenta Almodóvar y no te lo crees, pero yo conozco mujeres fuertes como trasatlánticos de esas que salen en sus pelis.

Sé de una mujer con cuatro hijos, un perro y un marido moribundo,
empeñado en morir en su tierra, en Valencia.
Ella intenta sin éxito conseguir el traslado en ambulancia.
De modo que va al Corte Inglés, compra unos flotadores, una colchoneta hinchable con forma de cocodrilo y otras variedades inflables y los rellena de oxígeno en el hospital.
Carga a los cuatro hijos, el perro, el marido y los flotadores en el coche y se marcha rumbo a Valencia.
Durante todo el viaje, ella no deja de vigilar el estado del marido por el espejo retrovisor.
Cuando este va adquiriendo tonalidades azules, le dice al hijo mayor que ya tiene nueve años:
- Ignacio, acércale el cocodrilo a papá para que tome oxigeno por la espita.
Y cocodrilo va, cocodrilo viene acaban llegando a Valencia.
El marido muere cinco horas después.
Con su último deseo cumplido.
Esta es una mujer trasatlántico.
- Imagínate, para mí la playa y los flotadores, como que ya no son lo mismo. Dice.

Sé de una mujer miedosa, que en los años 70 conducía un seiscientos.
Que cuando se le ponía al lado un camión y veía la rueda tan grande, le entraba un miedo infinito.
Que se casó jovencísima, como “tenía que ser” y a los 26 años enviudó.
Que se quedó sola con tres niños.
Y un verano, en Altea se pierde por los caminos.
Acaba en una carretera estrechísima, sin salida,
entre una ladera vertical y un cortado sobre el mar.
No le queda más remedio que salir marcha atrás.
- El coche puede despeñarse y nos matamos. Piensa.
De modo que antes de empezar la maniobra hace bajar a los niños.
Los tres niños bajan y se sitúan delante del coche.
Calladitos, de la mano.
- El coche puede despeñarse, ¿y ellos?. Vuelve a pensar.
De modo que les hace volver a subir.
Sobrevive.
Más tarde se enamora de un tal Fernando.
La hace sufrir mucho.
- Me tuve que poner carteles por toda la casa. “NO LLAMAR A FERNANDO”.
Así, bien grande. Que mal se pasa.
Cuenta.
Hoy, ya anciana, va a clase de sevillanas.
- Odio las sevillanas, pero es lo único que me alivia el dolor de espalda,
por la postura, el tener así los brazos, ¿ves?
Le sigue contando a Innombrable mientras le hace una especie de baile, cuando pasa a cobrarle el alquiler.
- ¿Que no puedo más con el dolor de espalda? Bailo.

Lo que es la vida.
Una sueña ser Princesa y le toca arrastra barcos.
Pasar el fin de semana trabajando,
transcribiendo estúpidas frases marketinianas en las que no cree,
al igual que en los hombres, al igual que los frigoríficos No frost.
Que siempre acaba una con las manos congeladas, llenas de escarcha.
Si hubiese tocado princesa...