Abierto hasta el amanecerNavidades.
Uno llega un viernes noche a la fiesta de la empresa.
Uno llega con su disfraz de jaula.
Acá el chofer, allá el técnico, más allá el Sr director.
Acá el creativo, allá la secretaria, más allá la Consejera delegada.
Buenas noches, hola que tal.
Cómo has venido, cuanto has tardado, dónde has aparcado.
Que bien te sientan los vaqueros, la camisa, la corbata, los tacones, el quimono.
Y según la noche avanza se van derrumbando los disfraces.
Que bien te sientan las aletas, el hacha, el torniquete, los andamios, las plumas.
Y si pasas de las 5 de la mañana, prepárate para bailar con una pitón albina.
Para ser Satánico Pandemonium.
Para entrar en coma, chupar al camarero o columpiarte de la lámpara.
Uno llega un viernes noche a la fiesta de la empresa.
Uno llega con su disfraz de jaula.
Acá el chofer, allá el técnico, más allá el Sr director.
Acá el creativo, allá la secretaria, más allá la Consejera delegada.
Buenas noches, hola que tal.
Cómo has venido, cuanto has tardado, dónde has aparcado.
Que bien te sientan los vaqueros, la camisa, la corbata, los tacones, el quimono.
Y según la noche avanza se van derrumbando los disfraces.
Que bien te sientan las aletas, el hacha, el torniquete, los andamios, las plumas.
Y si pasas de las 5 de la mañana, prepárate para bailar con una pitón albina.
Para ser Satánico Pandemonium.
Para entrar en coma, chupar al camarero o columpiarte de la lámpara.
Para enamorarte, hacer el paso de gallina de Mike Jagger o cantar a Nino Bravo.
Y yo bailo, bailo, y no paro de bailar.
Me como tres almendras, un canapé, dos gominolas con chorizo y un bombón.
La perfecta se transforma en presa y todos los demás en vampiros.
Me gustan los vampiros.
Tan monstruos, tan frágiles y tan locos.
Esta misma semana vemos Crepúsculo.
Ele minúscula con la caja de la cesta de mi empresa, se hace un ataúd.
No abrir, no molestar, pone en la tapa.
No me puede dar la luz del sol, me explica.
Te sorprenderían las cosas que crees que no pueden pasar y pasan, le digo.
¿Cómo qué?, indaga.
Como enamorarte del hombre equivocado, respondo.
¿Cómo quién?, insiste.
Como un tipo serio y ocupado, sin tiempo para decirte holaquetal.
Como un periodista-egoísta deportivo.
Como alguien que vive en otro país, en Casp, en otro idioma.
Y si no me crees llamo a la Perfecta y ella te cuenta.
Ah, pero a mí eso no va a pasarme, me comunica muy segura.
Eso decimos todas, pienso.
Seguro que no te pasa, miento.
Y en Nochebuena tengo fiebre y tristeza.
Me tomo un Red bull, dos ostras y una tableta de turrón de alicante.
Pienso en Gurb atiborrándose a churros.
Juego al Monopoly pensando en desequilibrios.
En mi cumpleaños ya en la puerta, al acecho, que hace días que dobló la vuelta de la esquina.
Y este año sin las Hadas, que vuelan a ciudades a bajo cero.
Para vencerlo sólo se me ocurren ideas de bombero.
A falta de un abrazo de bunker de verdad, siempre puedo meterme en la caja de la cesta de Navidad.
Pasar ahí dentro el día, la noche, esperar hasta el amanecer.
No abrir, no molestar, pone en la tapa.
No bailar con pitones albinas a ritmo de “Tito y tarántula”.
Sólo se permite el paso a Ele minúscula.
Que para eso es su idea, es su ataúd y ella es mi vida.
Y yo bailo, bailo, y no paro de bailar.
Me como tres almendras, un canapé, dos gominolas con chorizo y un bombón.
La perfecta se transforma en presa y todos los demás en vampiros.
Me gustan los vampiros.
Tan monstruos, tan frágiles y tan locos.
Esta misma semana vemos Crepúsculo.
Ele minúscula con la caja de la cesta de mi empresa, se hace un ataúd.
No abrir, no molestar, pone en la tapa.
No me puede dar la luz del sol, me explica.
Te sorprenderían las cosas que crees que no pueden pasar y pasan, le digo.
¿Cómo qué?, indaga.
Como enamorarte del hombre equivocado, respondo.
¿Cómo quién?, insiste.
Como un tipo serio y ocupado, sin tiempo para decirte holaquetal.
Como un periodista-egoísta deportivo.
Como alguien que vive en otro país, en Casp, en otro idioma.
Y si no me crees llamo a la Perfecta y ella te cuenta.
Ah, pero a mí eso no va a pasarme, me comunica muy segura.
Eso decimos todas, pienso.
Seguro que no te pasa, miento.
Y en Nochebuena tengo fiebre y tristeza.
Me tomo un Red bull, dos ostras y una tableta de turrón de alicante.
Pienso en Gurb atiborrándose a churros.
Juego al Monopoly pensando en desequilibrios.
En mi cumpleaños ya en la puerta, al acecho, que hace días que dobló la vuelta de la esquina.
Y este año sin las Hadas, que vuelan a ciudades a bajo cero.
Para vencerlo sólo se me ocurren ideas de bombero.
A falta de un abrazo de bunker de verdad, siempre puedo meterme en la caja de la cesta de Navidad.
Pasar ahí dentro el día, la noche, esperar hasta el amanecer.
No abrir, no molestar, pone en la tapa.
No bailar con pitones albinas a ritmo de “Tito y tarántula”.
Sólo se permite el paso a Ele minúscula.
Que para eso es su idea, es su ataúd y ella es mi vida.

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